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Europa

Polonia: “las elecciones más importantes desde 1989”

Las elecciones de este domingo en Polonia serán decisivas para definir el rumbo que tomará el país en los próximos años: un nacionalismo conservador y populista o un liberalismo pro europeo.

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Propaganda electoral en Varsovia: una decisión reñida. A la izquierda, un cartel del PiS, a la derecha, la imagen de Tusk.

En los prolegómenos de las elecciones parlamentarias del domingo, en Polonia el tono en los titulares periodísticos y de las apelaciones de los políticos a sus electores adquirió visos dramáticos: “Son las elecciones más importantes desde 1989”, tituló su edición de esta semana la revista liberal «Polityka». '¡Vota, mientras aún puedas!', llamó a los ciudadanos a concurrir a las urnas el semanario “Przeglad”.

Hace dos años sólo fueron el 40 por ciento de los cerca de 30 millones de ciudadanos empadronados, el menor índice de participación desde 1989. Ganando salió el partido conservador nacionalista PiS (Partido Derecho y Justicia) de Jaroslaw Kaczynski, que se impuso a los liberales de Plataforma Cívica (PO), quienes ya se creían en el gobierno.

Después de meses de crisis sin pausa, de escándalos y el desmembramiento de la coalición de Kaczynski, vuelven a votar los polacos y vuelve a registrarse una carrera cabeza a cabeza entre los nacional-conservadores y los liberales pro europeos, lo que genera un creciente nerviosismo.

La coalición de centroizquierda LiD espera con confianza afirmarse en el tercer lugar, en tanto que los partidos menores, incluidos los antiguos integrantes de la coalición gubernamental, como el radicalizado partido agrario Samoobrona (“Autodefensa)” y la nacionalista Liga de las Familias Polacas (LPR) luchan por superar el porcentaje mínimo para poder ingresar al Parlamento.

Creciente aislamiento del país

Todos los disconformes con la “IV República” proclamada por Kaczynski estaban convencidos hasta hace pocas semanas de que el primer ministro, hermano gemelo del presidente Lech Kaczynski, iba a perder las elecciones. A los ojos de muchos, son los mellizos responsables de un creciente aislamiento del país, con tonos agresivos contra los vecinos Rusia y Alemania, que no fueron bien recibidos en el escenario europeo.

En lo que respecta a la política interior, existe preocupación por el estado de la democracia en Polonia tras controversias con la Corte Constitucional, la creación de una autoridad anticorrupción dependiente del primer ministro con amplios poderes y escaso control, así como el despido de periodistas críticos de los medios estatales.

Las denuncias más recientes sobre la reacción de la coalición gubernamental ante el riesgo electoral sólo hicieron aumentar las suspicacias. Se habló de acciones de espionaje contra políticos opositores para recolectar información “dañina” para opositores políticos.

En este contexto debería resultarle relativamente sencillo a la oposición sumar votos. Pero Kaczynski no se resignó ante las primeras encuestas que le asignaban resultados negativos. Incansablemente aseguró que continuaba la lucha de su PiS a favor de un “Estado solidario fuerte, que batalla contra la corrupción y el antiguo clientelismo de la época comunista, las nuevas oligarquías y el insaciable liberalismo económico”.

Kaczynski perdió claramente el debate televisado con su retador liberal Donald Tusk hat, pero hasta sus enemigos más acérrimos admiten: “Me temo que lo va a lograr una vez más”.

Liberales vs. conservadores

Tusk y los liberales mostraron hasta ahora en la campaña electoral una imagen desdibujada. “Tusk es una persona honesta, pero me temo que también un perdedor”, se lamenta el ingeniero varsoviano Stanislaw Mirowski. Da la sensación de que Tusk no terminó de recuperarse de su última derrrota frente a un Kaczynski: hace dos años perdió las elecciones presidenciales contra Lech.

Tanto el PO como el PiS prometieron a los votantes una coalición de gobierno estable antes de las elecciones de septiembre de 2005. Entonces, el PiS ganó con un estrecho margen y no logró cerrar un acuerdo con los liberales.

Las elecciones anticipadas del domingo fueron convocadas después de que la conflictiva coalición del premier Kaczynski con dos pequeños partidos populistas se rompiera este verano entre denuncias de corrupción. El proio Kaczynski impulsó la autodisolución del parlamento el 7 de septiembre, un paso previo que provocó la convocataria adelantada de elecciones generales.

Días antes de los comicios del domingo, las encuestaban apuntaban que el PO obtendrá una estrecha victoria sobre el PiS de Kaczynski. El líder liberal, Donal Tusk, está abogando en su campaña por la libre empresa, prometiendo una drástica rebaja de los impuestos y ventajas para las firmas tanto grandes como pequeñas.

También promete mejorar la pobre recepción polaca de los subsidios de la Unión Europea destinados al desarrollo de infraestructuras públicas, que bien vendrían a las autopistas polacas. Además, el PO prometió la retirada de 900 solados polacos de Irak en el caso de resultar ganador.

El PiS promete por su parte a los electores sueldos más altos en el sector público, beneficios sociales y la continuación de su cruzada anticorrupción contra los llamados “oligarcas”.

Resultado abierto

No está previsto que ninguno de los archirrivales obtenga una mayoría aplastante, lo que eleva la previsión de la necesidad de otra coalición de gobierno. Esta semana, el PO descartó cualquier acuerdo postelectoral con el PiS.

Otros dos partidos sobrepasarán, previsiblemente, el requerido cinco por ciento necesario de los votos para acceder al Parlamento: el izquierdista democrático LiD y el conservador Partido de los Campesinos Polacos (PSL) podrían tener las llaves de la coalición. De momento, ninguno de ellos se inclinó por unir sus fuerzas con el PiS.

Unos 30 millones de polacos tienen derecho a voto en las elecciones parlamentarias convocadas para el domingo. En algunas encuestas preelectorales se predice una participación de hasta el 70 por ciento el domingo, pero los expertos esperan que se repita el récord de abstención de septiembre de 2005, cuando sólo votó el 40,5 por ciento de los convocados a las urnas.

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