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Economía

Política de sanciones occidental podría ser contraproducente

Mientras Putin resta importancia a los problemas económicos, la población sufre el doble mazazo que suponen las sanciones y la caída del precio del petróleo. Pero, ¿contó Occidente con Rusia cuando calculó el impacto?

La economía rusa está por los suelos. El rublo se encuentra en caída libre a pesar de la intervención del Banco Central. A pesar de que Putin mantiene la opinión contraria, los funcionarios rusos admiten el daño que hace al país la combinación de las sanciones y el bajo precio del petróleo. El ministro de Hacienda calculó el impacto que sufrirá la economía de Rusia a consecuencia de las sanciones: 140.000 millones de euros podría perder el país anualmente en concepto de inversiones. Pero hay otro dato que alerta aún más del peligro que amenaza al país. El crecimiento económico ruso se derrumbará un 4,7% en 2015, si es que el precio del petróleo se mantiene al nivel actual.

Según el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, por extraño que parezca el objetivo de las sanciones no es debilitar a la economía rusa. Si no es ese el fin, ¿cuál es entonces?

“El objetivo final de las sanciones es detener las acciones de Rusia en Ucrania. A corto plazo, no es necesariamente factible hacerlo mediante la interposición de sanciones. El problema es que aunque no sabemos a ciencia cierta si dará resultado, no sancionar a Rusia dejaría las puertas abiertas para que, bajo el lema de la Nueva Rusia, reclamase la incorporación de aún más territorios. Sin sanciones Rusia invadiría Ucrania con más tropas y podría hacerse con el control de un área mucho mayor”, dice Kriti Raik, investigadora del Instituto de Política Internacional finlandés, y coautora de un estudio reciente sobre el impacto de las sanciones de la UE.

El presidente Putin durante su conferencia de cierre del año en Moscú. (18.12.2014)

Trampa sancionadora

Es necesario plantearse si europeos y estadounidenses han pensado realmente en si las consecuencias finales de estas sanciones las sufrirá sólo Rusia, o si por el contrario también afectarán a la comunidad internacional. Algunos expertos advierten de la llamada trampa sancionadora en la que podría caer Occidente. Con las sanciones existe un dilema, dice Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y coautor del estudio “El nuevo desorden europeo”. Si bien afectan de forma más efectiva a Rusia, es posible que los objetivos europeos y estadounidenses se vean debilitados a largo plazo.

“Por un lado, las sanciones fortalecen a Putin a corto y medio plazo, consolidan su poder y le permiten mantener en jaque a las élites del país. Y es que esto ha hecho que los ricos tengan que traer su dinero de vuelta a Rusia. Por otro lado, las sanciones aceleran el giro asiático de Rusia, con el desarrollo de nuevos mercados y la mejora de relaciones con China”.

El rublo sigue en caída libre a pesar de la intervención del Banco Central.

Además, Leonard asegura que las sanciones han demostrado claramente que Rusia no puede competir económicamente con Occidente. En cambio, han animado a Putin a demostrar su fuerza militar, por lo que no se puede descartar que se repitan acciones como la de Ucrania.

¿Qué vendría después de Putin?

Occidente se mueve en terreno políticamente peligroso. En los centros de poder de la UE y EE.UU. habrá quien piense que cuanto más se obligue a Rusia a arrodillarse económicamente hablando, más probabilidades hay de que la población se rebele contra Putin. Pero incluso en este supuesto, puede que Occidente no haya contado con Rusia a la hora de hacer sus cálculos. “¿Qué vendrá después de Putin? Un nuevo régimen no necesariamente más prooccidental”, advierte Raik.

De hecho, podría resultar contraproducente rápidamente, dice Mark Leonard. “Putin siempre ha intentado acercarse a su gente y reforzar su legitimidad mediante la política exterior. Cuando la economía va mal, su poder se alimenta de las crisis geopolíticas. De ahí que siempre esté interesado en crear nuevas crisis”.