Pianos estonios, prosperidad báltica | Europa | DW | 02.09.2011
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Europa

Pianos estonios, prosperidad báltica

Los pianos de Estonia son el símbolo de prosperidad del país más pequeño de la Unión Europea.

Un piano fabricado por Estonia Piano

Un piano fabricado por Estonia Piano

Cuando Stalin cumplió 70 años, en 1948, todas las repúblicas soviéticas se vieron obligadas a hacerle un regalo. Estonia, un pequeño estado al noreste del mar Báltico, hizo su tributo en forma de piano fabricado por Ernst Hiis, un maestro artesano que se había formado con Steinway en Hamburgo.

A Stalin le gustó tanto el sonido, que ordenó que Hiis se convirtiera en el único fabricante de pianos de cola de toda la Unión Soviética. Su empresa, Estonia Piano, prosperó durante el régimen, pero cuando el sistema colapsó, también se vino abajo su mercado. El futuro pintaba negro para la compañía hasta que un pianista de 27 años, recién graduado en la Juilliard School de Nueva York, tuvo la idea de comprarla para restituirle su antiguo esplendor. “Pensé que si podíamos fabricar un buen piano, triunfaríamos”, dice Indrik Laul, que nació en Estonia y reparte su vida entre EE. UU. y su país natal. “No queríamos hacer fabricación en serie, sino producir pianos artesanos de muy alta calidad. Y nos dirigimos al mercado de EE. UU, donde hay una gran demanda de pianos de cola”.

Laul fue comprando acciones de la compañía a lo largo de los años 90 y se convirtió en el propietario en 2001. Abrió una nueva fábrica en Tallín, introdujo cientos de cambios en los instrumentos y pidió a sus padres –ambos músicos famosos- que los probaran antes de trasladarlos a Nueva York. En solo 10 años, Estonia Piano ha vendido 3.000 pianos de cola, la mayor parte a EE. UU. La calidad de sonido es similar a la de los fabricantes más reputados de Europa, pero cuestan la mitad que un Steinway, un Bösendorfer o un Bechstein, en parte porque Estonia Piano no utiliza intermediarios. El célebre director estonio Neeme Järvi tiene estos instrumentos en alta estima.

País pequeño, logros grandes

Una dama toca en un piano estonio

Una dama toca en un piano estonio

Los instrumentos de Estonia Pianos son uno de los artículos más exportados del país y dan testimonio de la transformación de la exrepública soviética en uno de los países  más innovadores de Europa. Ningún otro ha conseguido tanto en tan poco tiempo. En apenas dos décadas, ha ingresado en la Unión Europea y en la OTAN.

En 2011 asumió también la moneda única europea, otro signo para diferenciarse de la vecina Rusia. Estonia adoptó duras medidas de austeridad para lograrlo, pero lo consiguió y ahora es el país de la eurozona con la deuda más baja. Hace unas semanas, celebró el vigésimo aniversario de su independencia mostrando al mundo que no solo sobrevive sin ser parte de la URSS, sino que también prospera. “Estonia Pianos encarna la transformación de un país y su rápida integración en Europa”, dice Glenn Treibitz, propietario de Hollywood Piano, la primera empresa que importó teclados de Estonia a mediados de los 90.

Anders Aslund, miembro del Instituto Peterson de Economía Internacional de Washington DC considera que el caso de Estonia es “notable en todos los aspectos”. Su compromiso con la educación, su espíritu de sacrificio para lograr un bien común y sus ventajosas condiciones para los inversores han constituido un poderoso incentivo para el país. “Somos un país pequeño, pero pensamos a lo grande", dice Linnar Viik, rector del Instituto de Tecnología de la Información de Tallín.

Exportar música

“La tradición de fabricar pianos en Estonia se remonta a hace 200 años, pero la historia de Estonia Piano es uno de los orgullos más grandes de los últimos tiempos”, continúa Viik. “Antes de la Segunda Guerra Mundial había una docena de fabricantes de pianos en Tallín, pero Stalin cerró la mayoría. “Estonia no tiene petróleo, así que la música fue siempre uno de nuestros principales recursos”, dice Indrek Laus. Cada anio su fábrica manufactura unos 400 pianos, un número escaso si comparamos con los 5.000 de Steinway y más parco aún teniendo en cuenta la sed de teclados estonios que muestra el mercado norteamericano. “Los de Estonia triunfan porquie son más baratos que los Steinway y más caros que los chinos, pero la relación calidad precio es excelente”, dice Bill Waddell, importador de Sterling, Illinois.

Laul revivió la empresa introduciendo no menos de 300 cambios en los pianos, que casi siempre han sido de concierto, pero recientemente introdujo un modelo algo más pequeño, un colín, que se adapta a los hogares norteamericanos. Además del color negro, también los fabrica en nogal y caoba. La guía de pianos Larry Fine, considerada la biblia para aquellos que quieran adquirir un teclado, sitúa los pianos de Estonia entre el séptimo y el décimo octavo lugar entre las 80 primeras marcas. Un Bechstein de concierto cuesta unos 93.000 dólares, mientras que un estonio del mismo tamaño –equivalente en calidad al Bechstein, según la guía Larry Fine- cuesta tan solo 36.700. Solo hay un problema: de momento, no fabrican suficientes.

Isabelle de Pommereau/María Santacecilia
Editor: Pablo Kummetz

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