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Política

Perder seis años y recuperar la suerte

Luego de seis años de cautiverio como rehén en un campamento de las FARC, la abogada colombiana Clara Rojas trata de llevar una vida normal desde su liberación en 2008. Habló con DW sobre sus experiencias.

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Clara Rojas.

La abogada colombiana Clara Rojas fue secuestrada por las FARC en 2002 junto a su amiga, la candidata a la presidencia del Partido Verde colombiano, Ingrid Betancourt. Su amistad con Betancourt se hizo añicos durante el cautiverio. En 2004, Clara Rojas dio a luz a un hijo en la selva en circunstancias riesgosas y fue separada de él pocos meses después. Recién pudo volver a ver a su hijo Emmanuel luego de su liberación en 2008. La identidad del padre permanece hasta hoy en secreto. Los recuerdos de Clara Rojas fueron reunidos en un libro publicado en Alemania. Bernd Gräßler la entrevistó:


Deutsche Welle: En su libro escribe usted que quiere recuperar estos seis años perdidos. ¿Pudo hacerlo en los 15 meses que lleva en libertad?

Clara Rojas: Sin duda me esforcé por normalizar mi vida. Estos seis años perdidos no los podré recuperar nunca. Hasta perdí la primera etapa de desarrollo de mi hijo. Pero hago lo posible por disfrutar mi vida y por eso me tomo mucho tiempo para mi hijo. Es por eso que no acepté ningún proyecto ni oferta de trabajo, porque quería ocuparme de la salud de mi hijo y de la mía. Emmanuel empezó a ir a la escuela el año pasado, a una escuela alemana en la que estudia alemán como segunda lengua. Esto me motiva mucho, y tal vez yo también comience a estudiar alemán. El año pasado lo pasé escribiendo mi libro y, dado que me sometí a una estricta disciplina, pude finalizarlo y hoy está en las librerías europeas, además de en Latinoamérica.

¿Cómo es la relación con su hijo? ¿Normal, como la de cualquier madre con su hijo?

Creo que sí. Por suerte, tanto su estado de salud como el mío eran buenos cuando nos reencontramos, mejor de lo que se esperaba, lo cual facilitó las cosas. Mi hijo se encontraba en un orfanato en Colombia y, hasta 2007, nadie sabía que era mi hijo. Pero él estaba preparado para volver a reunirse con su familia, por eso, la reacción fue muy positiva al volver a vernos. El estaba feliz de volver a encontrarse con su madre, de conocer a su abuela y a toda su familia. Algún día, cuando pueda entenderlo, debo aclararle la situación en la que estábamos, secuestrados en la selva. Y por qué nos separamos.


Cuando viajó hacia San Vicente, donde operaban las FARC, ¿creía que se le daría mejor trato por trabajar para el Partido Verde, que estaba por un diálogo con la guerrilla?

Estaba preocupada, como cuento en mi libro, pero no podía prever que yo también podría ser secuestrada. Estaba preocupada por toda la situación, llamé a unos amigos, todo lo cuento en mi libro. Pero debo admitir que tenía la esperanza de que no me secuestrasen. Una semana antes, a Ingrid la invitaron a un debate con los candidatos presidenciales a San Vicente del Caguán. Y la única que no rechazaba el diálogo era Ingrid, y ella creía que se iba a proseguir el diálogo. Eso me tranquilizaba un poco, ya que pensaba que así las FARC entenderían que aquí había alguien que quería dialogar con ellos. Además, en las semanas siguientes, mucha gente había viajado y había vuelto ilesa. No podía imaginarme que las FARC estaban reuniendo rehenes para un intercambio.


¿Por qué las FARC no la liberaron cuando estaba esperando un hijo? ¿Era una suerte de castigo por haber hecho algo prohibido, es decir, tener una relación con un guerrillero?

Mi opinión personal es que no sabían cómo manejar la situación. Ya que lo normal era brindarme ayuda humanitaria. Yo incluso pedí que me liberaran o que me llevaran a un centro de salud cercano, o que permitieran a alguien de la Cruz Roja llegar al campamento. Pero creo que la atmósfera en el campamento estaba muy tensa en aquel momento por diferentes motivos. Más que nada, porque la Armada colombiana estaba en las cercanías. Las FARC temían que, si me liberaban, la armada iba a encontrar muy pronto el campamento. Al menos así me lo aclararon. Desde mi punto de vista eso no tenía sentido. Pero sí desde el punto de vista de ellos…Eran muy cuidadosos. Además los rehenes tenían mucho miedo de los combates. Todo esto condujo a esa decisión tan negativa de la que las FARC se arrepintieron con el tiempo, me parece. Ya que cuando empezó el trabajo de parto los comandantes decidieron ayudarme para, al menos, no dejarme morir.

En su libro se lee poco acerca de si alguna vez las FARC le dieron una explicación del por qué de su secuestro. ¿O es que ser tomado como rehén es algo normal para todos y no necesita explicación? (Siga leyendo en página 2)