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Obama, en un valle de lágrimas

Ines Pohl25 de junio de 2016

Obama quería sacar de la ilegalidad a familias de inmigrantes. Sin embargo, y a pesar del buen propósito, ha fallado. La sentencia del Tribunal Supremo ha sido una fuerte derrota, opina Ines Pohl.

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USA Präsident Barack Obama - Statement nach Entscheidung des Supreme Courts
Imagen: Reuters/C. Barria

El estado del sistema político en los Estados Unidos es desastroso. Mientras que diputados demócratas pelean en el Congreso por leyes más severas de posesión de armas, el Tribunal Supremo decidió que las normativas del presidente Obama, que buscaban facilitar el proceso de nacionalización de niños y jóvenes, cuyos padres son inmigrantes ilegales en los Estados Unidos, no son válidas.

La sentencia es una prueba más de que el sistema político del país, el cual se vanagloria de ser la democracia más fuerte, está en las últimas. Ha fracasado en su sistema bipartidista, el cual no lucha por encontrar acuerdos políticos inteligentes, sino, de manera contraria, impide cada vez más soluciones pragmáticas; frenar el éxito del contrincante político se considera un triunfo. Esta situación es trágica y es una de las causas, entre otras, del ascenso actual de un peligroso populista. En esta coyuntura solo hay perdedores.

Una gran derrota

La decisión del Tribunal Supremo de no darle el visto bueno a la ley de inmigración constituye una gran derrota para el presidente estadounidense. Y es que dicha ley no es nada más ni nada menos que el resultado del trabajo de su segundo mandato. Obama trató de aprobar la ley muy a su estilo: con mucho riesgo y a la suerte. Finalmente perdió.

Ahora se le reprocha a Obama haber jugado con las esperanzas y expectativas de millones de personas para alcanzar sus sueños políticos. Y no por que sus decretos hayan sido desmedidos o irracionales. Todo lo contrario: su reforma migratoria es moderada y habría llenado un vacío legal que afecta a millones de personas residentes en Estados Unidos que estudian, trabajan y pagan sus impuestos. Obama habría sacado a estas personas de la ilegalidad y habría acabado, así, con el trato inhumano al cual son sometidas.

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Ines Pohl, corresponsal de DW en Washington

Confusión en la Casa Blanca

Ya hace tiempo que la política en Estados Unidos no se centra en dar e intercambiar argumentos razonables. Algo que Obama, quien empezó al margen de la política tradicional, debería saber después de siete años en el poder. Sin influencias, sin diplomacia a puerta cerrada y sin prenegociaciones no se puede lograr nada en Washington, ni siquiera un presidente como él, sin importar que tan inteligente y correcto sea: las leyes se escriben en el Congreso y no en la Casa Blanca.

Obama quiso hacer lo correcto a la fuerza. Pero la Corte Suprema le ha enseñado cuáles son sus límites. De lo sucedido el pasado jueves se pueden deducir dos cosas. La mala noticia: no se puede hacer política correctamente en un sistema falso y quebrantado. La buena noticia: el poder del presidente de los Estados Unidos tiene límites.

Para aprender: aquí puede usted leer la versión original de este artículo en alemán.