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Europa

Opinión: ¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué, señor Mas? ¿Y ahora qué, señor Rajoy? El separatismo catalán obtuvo la mayoría absoluta parlamentaria que necesitaba para mantener vivo su desafío, pero nadie sabe cómo va a gestionar ese triunfo.

No fue la victoria redonda a que aspiraba para convertirla en irrefutable, ya que le faltó la mayoría en votos. Sus enemigos de siempre se aferrarán a ese lamparón. Pero ni siquiera ese flanco puede rebatirle el abismo matemático existente entre el 39,57 por ciento del Junts pel Sí, del presidente Artur Mas, y el 17,91 en que quedó la segunda formación, Ciutadans.

Mas quedó supeditado al apoyo de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), el independentismo que predica la insumisión y que, en medio de la euforia catalanista, recordó los últimos fusilamientos del franquismo y clamó por el fin de la monarquía borbónica. La CUP puede cobrarle caro su apoyo a Mas, el presidente al que no desea ver reelegido, según dijo en campaña. Para ellos representa el mismo cóctel de corrupción y recortes sociales que a escala española atribuyen al Partido Popular del presidente Mariano Rajoy.

Gemma Casadevall, de la redacción latinoamericana de DW.

Gemma Casadevall, de la redacción latinoamericana de DW.

Fue una noche, la catalana, reflejo de muchas insensateces, tras una campaña electoral marcada por la crispación sobreactuada entre el separatismo y el unionismo, con perfiles de acoso -político y mediático- al votante independentista.

En ese contexto quedó el grito de la candidata de Ciutadans, Inés Arrimadas, reclamando la “dimisión, dimisión, dimisión” de “Ártur Mas” -así, con una tilde en la primera “a” del nombre de pila, que no es ni catalán ni español ni tampoco anglosajón, sino reflejo del desprecio de la nueva formación derechista hacia el rival.

Incógnitas sobre el futuro de Cataluña

¿Y ahora qué, señor Mas, señor Rajoy, señora Merkel? El 27S deja muchas incógnitas sobre el futuro de Cataluña, de su anclaje en España y, por extensión, en la Unión Europea (UE). Por parte española se ha insistido en que, con los tratados en la mano, una proclamación unilateral de independencia equivale a su exclusión de la UE. La mayoría de sus líderes, incluida Angela Merkel, lo suscriben.

Pero el independentismo logró este 27S lo que se había convertido en su obsesión: la proyección internacional. No parece sensato ignorar los 1.952.482 de votos que sumaron Mas y la CUP, por mucho que sean un nuevo quebradero de cabeza para la UE. Es un movimiento políticamente virulento, pero pacífico, crecido entre manifestaciones masivas y sin haber quemado, hasta ahora, ni una papelera.

Y a todo esto: ¿dónde está Rajoy?, se preguntaban en la noche catalana unos y otros. Al presidente español se le sabía parapetado en la sede del PP de Madrid. Ahí debió vivir su “tierra, trágame”. Su partido vivió ya una debacle electoral en las elecciones locales autonómicas y locales del pasado mayo. El 27S sepultó al PP en su peor resultado en Cataluña en 20 años -un 8,5 por ciento-, con Ciutadans pisando fuerte, también en su versión española, como autoproclamada representante de la regeneración democrática.

Feo panorama para un Rajoy que aspira a la reelección en las generales, antes de fin de año.