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Política

Opinión: una visita inoportuna

La visita de Merkel a Estambul le conviene al partido gobernante AKP y debilita a las fuerzas democráticas. La cuestión es si Turquía está dispuesto a colaborar con la política de refugiados, opina Gunnar Köhne.

La imagen debería transmitir un mensaje inequívoco: aquí está la solicitante y allí el hombre fuerte. El presidente turco Erdogan, con la mirada sombría y con una mano que descansa sobre un trono dorado, está sentado junto a una compungida Angela Merkel a la que ni tan siquiera mira.

Durante las próximas semanas se verá si la visita de la canciller fue útil, sobre todo, para el gobierno de Ankara, ya que solo hubo una declaración de intenciones sin resultados concretos. Ankara, por su parte, se mostró abierta a acoger a los refugiados que intentan ir a Europa a través de Turquía, con fondos extraordinarios y la ayuda de la Unión Europea.

Pero, ¿cómo va a funcionar? La tarea parece incomprensible con tan solo echar un vistazo al mapa. La frontera de 800 km hasta Siria no se puede controlar como tampoco la deshilachada costa del mar Egeo entre Grecia y Turquía. Y tampoco parece factible la idea de crear campos de tránsito de los que solo un cupo de refugiados podría partir de forma legal hacia Europa.

Solo una pequeña parte de los dos millones de refugiados sirios, que viven en Turquía, lo hace en campamentos a lo largo de la frontera; la mayoría prueba suerte en las grandes ciudades turcas o prefiere irse del país. ¿Cómo van a lograr que regresen a los campamentos?

Sobre todo simbolismo

La canciller ofrece, en nombre de la UE, acelerar la cuestión de los visados para los ciudadanos turcos a cambio de la concesión de Turquía en la “contención” del problema de los refugiados. Sin embargo, ya existe esta posibilidad para ciertos empresarios, profesionales y artistas. Merkel además anunció que se retomarían este año las hasta ahora congeladas negociaciones sobre la adhesión de Turquía a la UE, lo que no es simbólico. Decisivos no son los diversos capítulos de negociaciones que se han abierto para el proceso de adhesión, sino cuántos se cierran con éxito, y hasta ahora solo ha sido uno en diez años.

Gunnar Köhne, periodista de DW

Gunnar Köhne, periodista de DW

Ankara no quiere ser solo un lugar al que se puede enviar de nuevo refugiados, sino un “país de procedencia seguro”. Y la pregunta es si Turquía lo es. Angela Merkel piensa que sí y en su visita a Estambul lo dejó bien claro. Al fin y al cabo se trata de una país socio de la OTAN y candidato a ser miembro de la UE. Pero no hay que olvidar que Turquía ya era miembro de la OTAN en la brutal época de la Junta Militar en los 80. Y las negociaciones para la adhesión a la UE comenzaron en 2004 cundo Turquía realizaba reformas profundas en el país y el gobierno de Erdogan negociaba con los kurdos por la paz.

Once años después, la imagen de Turquía es otra: se ha desatado la guerra civil entre el PKK y el Estado y el tutelaje de la prensa es tan grave que las organizaciones internacionales están alarmadas. Y finalmente: el terror en las calles amenaza a Tuquía con convertirlo en un país “normal” del Oriente Medio.

Oídos sordos a los llamamientos

Así no es “un país de procedencia seguro”, critican también 100 intelectuales turcos que se dirigieron a la canciller germana en una carta. Le pedían que no aceptase que se violasen los valores europeos, como la libertad de prensa y expresión, en Turquía a cambio de obtener beneficios políticos para su país. “No permita que su visita parezca un apoyo a la campaña electoral”, solicitaban los intelectuales. Al igual que a otros muchos demócratas turcos, los decepcionó. Merkel no mencionó en ningún momento de la conferencia de prensa en Estambul la palabra derechos humanos. Y el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, se fue contento a otro acto de la campaña electoral.