Opinión: una declaración de guerra a la democracia | El Mundo | DW | 20.10.2016
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El Mundo

Opinión: una declaración de guerra a la democracia

El último debate mostró definitivamente que Donald Trump carece de la capacidad para vencer a Hillary Clinton. Y lo sabe. Ahora está dispuesto a sacrificar la democracia a favor de su narcisismo, opina Ines Pohl.

Fue el último debate y el más objetivo. Lo moderó por el presentador del canal Fox, Chris Wallace, quien demostró que fue correcto dejar que este canal conservador organizara el debate presidencial. A todos lo que no quieran perder su valioso tiempo viendo los 90 minutos que duró el debate, se les recomiendan las declaraciones finales de ambos candidatos. Son suficientes para tener una idea sobre la cualificación de los candidatos que desean ostentar el cargo político más importante en Estados Unidos. Y mientras Hillary Clinton ofreció con superioridad un resumen consistente sobre su agenda política, Donald Trump saltó de un tema a otro sin estructura. Al igual que en el debate, no explicó cómo quiere llevar a cabo sus rimbombantes planes. Sin embargo, encuentra a una culpable para todos los males de Estados Unidos y gran parte del mundo: Hillary Clinton. En la derrota, el truco de este hombre es culpar a los demás. Y es peligroso, incluso más allá del día de las elecciones.

Solo interés por la marca "Trump"

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Ines Pohl, corresponsal en Washington.

Se le pueden reprochar muchas cosas a Donald Trump. Pero no es tan poco realista como para no saber que ya no puede ganar estas elecciones. La insuficiente preparación para los importantes debates televisivos junto con las continuas humillaciones de miembros de su propio partido, hacen pensar en Estados Unidos que, en realidad, nunca quiso la agotadora presidencia. Desde el principio, suponen tanto demócratas como republicanos, a él solo le interesó dar más a conocer la marca "Trump” y así hacerla más valiosa.

Quizás sea así. Si Trump fuese un político con estilo y buenos modales, sería algo sobre lo que tendría que reflexionar fundamentalmente el partido republicano. ¿Cómo es posible que un charlatán como él pudiera liderar el partido de Abraham Lincoln?

Narcisismo enfermizo

Pero Trump no tiene ni buenos modales ni respeto. Tampoco por las reglas fundamentales de una democracia. Su narcisismo enfermizo le impide reconocer una derrota. En concordancia con ello, prepara su estrategia: atribuir su fracaso  al sistema corrupto. Y encuentra oídos abiertos en sus seguidores, el núcleo duro del "Movimiento Trump”. Los que desde hace tiempo ya no confían en el gobierno en Whashington; los que aprovechan cualquier oportunidad para sumarse a las teorías conspirativas y responsabilizar a los otros por los propios fracasos. Trump contribuyó mucho en su campaña a aumentar la brecha entre "nosotros” y los "otros”. 

El consenso básico e inamovible de cualquier democracia es que se reconozca el deseo de la mayoría de los votantes. Trump está a punto de socavar este fundamento. En las redes sociales encuentra la perfecta resonancia para sus teorías conspirativas. No solo Hillary Clinton, como presidenta, tendría que lidiar con ello. También y precisamente los republicanos tienen que considerar cómo van a conseguir que este geniecillo antidemocrático, al que hicieron posible con su boicot político de los pasados años, regrese a su lámpara mágica.

En el fondo se trata de ver si el Estados Unidos blanco y cristiano está dispuesto a aceptar los cambios demográficos y que de las minorías nacen las nuevas mayorías que tomarán otras decisiones.

Con Trump se ha creado un barril de pólvora político que pone a prueba un orden social secular. De hecho es un peligro que apunta mucho más allá de la persona de Donald Trump.

Puede leer este texto en alemán. Por favor, acceda al enlace.

 

Autora: Ines Pohl

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