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Europa

OPINIÓN: Un plan para Atenas

En la nueva partida de póker por la deuda de Grecia los jugadores del lado griego fueron relevados. Solo que el bando que pone el dinero no debe dejarse cambiar las reglas, opina Henrik Böhme.

El tour europeo de los simpáticos políticos que ahora gobiernan en Atenas tiene - o tenía - una sola meta: una condonación de la deuda. Ahora hablan de una deuda que sería “eterna” y que Grecia pagaría cuando la economía se lo permita. (O sea, ¡nunca!).

Lo que falta es un plan

Grecia es un país ejemplo de corrupción y clientelismo. Un Estado que la burocracia ahoga y que solo logra rendir una décima parte de lo que produce Francia. Las licencias para la creación de una empresa nueva en Grecia tardan hasta un año en expedirse. El masivo empleo juvenil no podrá ser combatido elevando el salario mínimo y volviendo a emplear a miles de funcionarios.

Aunque con el viaje a Bruselas Tsipras quisiera asegurar que Grecia quiere quedarse en la UE y la eurozona, más útil sería que visitara España, Portugal, Letonia e Irlanda. También los ciudadanos de estos países han sufrido la crisis, pero sus Gobiernos han llevado a cabo las reformas necesarias que ahora empiezan a dar frutos. También en Grecia se ve algo de eso: hace tres años el PIB bajó 10 puntos negativos, el último años subió un punto. Pero los electores griegos prefirieron cambiar el rumbo.

Tras la negativa de Grecia a aceptar la vigilancia de la troika de los acuerdos firmados por ambas partes y de parar las medidas de austeridad, el Banco Central Europeo anunció no aceptar más los “bonos basura” de los bancos griegos que eran aceptados como seguridad.

Póker multimillonario

La troika es el problema menor, aunque ya no la quieran llamar así. Ahora los griegos tendrán que negociar, por separado, con las mismas tres instituciones: UE, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI). Los políticos del nuevo Gobierno griego lo sabían, pero en campaña le vendieron la idea a sus electores de que la troika era el “mal”.

Henrik Böhme, redactor de DW.

Henrik Böhme, redactor de DW.

No fue la troika la que metió a Grecia en este embrollo. Fueron los ineptos gobiernos griegos de antes y los ineptos burócratas en Bruselas que confiaron en las estadísticas que presentó Grecia para entrar en la eurozona.

Hay solo dos caminos para encaminar bien el problema: declarar la bancarrota de Grecia y abadonar la eurozona o implementar un Plan Marshall para la recuperación de la economía griega. El problema: los acreedores van a poner condiciones que los griegos no van a querer aceptar. Así que en cambio de estar inyectando dinero en un hueco sin fondo ¿por qué no hacer un corte doloroso y acabar de raíz con el problema?

Lo único que evitaría esto es que el señor Tsipras saque un novedoso programa de la manga y pruebe que es el mejor de todos los planes. Se lo reconocería a los griegos. Pero, ver para creer.