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El Mundo

Opinión: Turquía, una nación impulsada por el miedo

Desde los ataques terroristas hasta las detenciones interminables, Turquía ha tenido un año difícil. El reciente llamado de Erdogan a una movilización nacional puede no ser la estrategia adecuada, opina Seda Serdar.

Simpatizantes del Partido Kurdo HDP protestan durante el día de los derechos humanos en Berlín

Simpatizantes del Partido Kurdo HDP protestan durante el día de los derechos humanos en Berlín

Ha sido un año traumático para Turquía: ataques terroristas en las grandes ciudades, la guerra de trincheras en el este de Turquía contra kurdos, la guerra en Siria y el fracasado intento de golpe de Estado que condujo al actual estado de emergencia. Todos estos sucesos han dejado al país en un estado de emergencia.

La pérdida de vidas y el miedo a ser víctima de un ataque terrorista han alimentado la ansiedad pública. Y a pesar de las promesas del Gobierno turco, de poner fin al terror en el país, la inestabilidad continúa profundizándose.

El miedo: el denominador común

Turquía no está luchando solo con los ataques mortales, sino también con una democracia que se deteriora rápidamente. Tras el fallido intento de golpe de Estado, los arrestos y las pérdidas de miles de empleos han creado otro nivel de temor e intranquilidad en el país. Y no solo los seguidores de Gülen son los que son reemplazados: cualquier persona considerada amenaza para el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), rápidamente se convierte en blanco del Estado.

La política sistemática de desgaste hacia el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), pro-kurdo, es otro elemento de opresión que solo agrega más combustible al fuego, incitando divisiones aún más profundas dentro de la sociedad. Es importante tener en cuenta que las personas detrás de rejas hoy día son las mismas con las que el AKP estaba trabajando, no hace mucho tiempo, para encontrar una solución a la problemática kurda. Dejar de lado a un partido elegido y marginar su papel en la política claramente nada tiene que ver con democracia.

Seda Serdar, directora la redacción turca de DW

Seda Serdar, directora la redacción turca de DW

La muerte de la libertad de prensa

Aún más preocupante es la situación de la prensa en Turquía: casi no hay medios libres que sean críticos del Gobierno, que no se censuren y en los que sus editores no hayan sido aún arrestados.

Este sombrío panorama se vuelve aún más complejo cuando se incluyen los casi cuatro millones de refugiados que se encuentran actualmente en Turquía. Y es que la frustración de los refugiados sirios es alta, porque no ven perspectivas para sí mismos y tienen poca esperanza de un futuro duradero en Turquía. Ahora, después de la batalla de Alepo, se esperan nuevas oleadas de refugiados, lo que posiblemente agrave las tensiones sociales. Además, el hecho de que la crisis de refugiados esté siendo constantemente cuestionada en la Unión Europea, no facilita la situación.

¿Por qué se está reformando la Constitución?

Frente a esta abundancia de problemas, sorprende el gran entusiasmo de Erdogan con la reforma constitucional con el fin de tener un sistema presidencialista parecido modelo estadounidense o francés. El ataque terrorista de Estambul hace una semana ha vuelto a dejar en claro que hoy día hay problemas más urgentes: el Gobierno debe encontrar una solución a la amenaza terrorista, ya que el doble ataque del sábado fue tan solo uno de muchos en 2016.

El terrorismo en Turquía está claramente en aumento, logrando ya tener una influencia significativa en la vida cotidiana de sus habitantes. Por lo tanto, el problema del terrorismo necesita toda la atención y debe vincular a todas las fuerzas políticas.

Movilización nacional

En un discurso pronunciado ante alcaldes locales –lo que se ha convertido en uno de los movimientos insignia del presidente–, Erdogan declaró una movilización nacional contra el terrorismo. El jefe de Estado pidió la unidad entre los ciudadanos y prometió contraatacar, intensificando la lucha contra el terrorismo. Al mismo tiempo, ordenó a los representantes locales a que reportaran actividades sospechosas, ya que ¿quién mejor que ellos para saber lo que está pasando en cada hogar? Sin embargo, esto entra en conflicto con el llamado a la unidad. No solo fomenta la invasión de la privacidad, sino que también se suma al factor miedo de ser reportado al Gobierno. Una cosa es combatir el terrorismo y prevenir los ataques, otra es conceder autoridad para intimidar aún más a un pueblo ya traumatizado.

El AKP siempre hace muchos esfuerzos para rendir homenaje a las víctimas de los ataques terroristas. Sin embargo, esto no es suficiente: mejor sería tener un plan concreto de cómo recuperar la paz y la unidad en Turquía.

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