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Alemania

Opinión: "Sobrecogedor"

A los oprimidos del mundo les atrae Alemania. No puede haber un halago mayor para el país. Alexander Kudascheff, redactor jefe de DW, opina que los alemanes no decepcionarán las expectativas puestas en ellos.

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Una niña siria porta en la estación de Múnich un globo con la leyenda: "Aquí se hacen realidad los sueños".

Alemania es tierra de inmigración. Es el país de la esperanza para personas de Cercano Oriente, África, Asia y los Balcanes. Para personas que huyen de la guerra, la tiranía, la tortura, la persecución, la represión, la discriminación, la pobreza, la desesperanza. Huyen a miles, a menudo poniendo en riesgo sus propias vidas, expuestos a la voluntad de las mafias que trafican con personas. Se dirigen hacia un país en el que la mayoría de la gente mira a los refugiados con empatía, con solidaridad, con ejemplar disposición a ayudar y con generosidad. Eso es emocionalmente sobrecogedor.

Pero es que Alemania también está sobrecogida. No hay término que encaje mejor. Sin reglas, sin leyes, sin normas, sin certezas. Las posibles preocupaciones se dejan a un lado o se aplazan. 800.000 refugiados suponen una tarea que los alemanes deberán asumir. Estas personas serán vistas como una oportunidad, no como una carga o una situación desbordante.

La nueva virtud alemana

Realmente parece que los alemanes salen al encuentro de los refugiados de otras culturas y otros continentes con curiosidad, simpatía y muchas ganas de ayudar. Uno mira con desconcierto hacia estos nuevos alemanes, a quienes la canciller, Angela Merkel, instó a la flexibilidad. Dicho de otra manera: dejar que las cosas sigan su curso y ver qué sale de ahí.

Alexander Kudascheff

Alexander Kudascheff, redactor jefe de Deutsche Welle.

¿De dónde viene esta conmovedora disposición a aceptar a los extranjeros y refugiados, sin insistir en su nivel de cualificación, tal y como hace, por descontado, cualquier otro país que reciba inmigrantes? Es la sombra del Tercer Reich, el recuerdo de las experiencias de cientos de miles de alemanes que se vieron obligados a emigrar, tratando desesperadamente de encontrar asiento en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia , Suiza o Shanghái. También es la memoria de la odisea de tantos alemanes que no lograron huir, que se quitaron la vida desesperados, o que en su huída fueron detenidos, deportados y asesinados.

El ADN social de Alemania

De aquellas vivencias nació tras la Segunda Guerra Mundial un artículo sobre el derecho de asilo en la Constitución alemana, único en el mundo, por el cual quienes huyen de persecuciones políticas tienen derecho a ser asilados. Este derecho no es un acto de piedad, sino una obligación legal y moral. Y aunque hace 20 años se modificó y se suavizó, su esencia sigue vigente. Pertenece al ADN político y social de Alemania.

La gran mayoría de los alemanes se atienen a esta obligación, la élite también. Una pequeña minoría rezonga y, por desgracia, se manifiesta contra los refugiados. No es agradable, sin duda, pero se trata de una pequeña minoría. Tampoco hay que descartar la posibilidad de que la abrumadora disposición a ayudar de los alemanes se transforme en una sociedad desbordada. Que de la empatía surja el rechazo. La política debe hacer frente a estas posibles situaciones. Establecer lo que se quiere, lo que se puede y lo que no se puede, tanto a nivel nacional como europeo. Estamos en una situación de emergencia y el Estado parece desbordado. Hasta ahora, más que los propios ciudadanos.