Opinión: Sin solución a la vista en Siria | El Mundo | DW | 05.10.2016
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El Mundo

Opinión: Sin solución a la vista en Siria

La esperanza es lo último que se pierde. Pero, en vista de los divergentes intereses de las partes involucradas en la guerra de Siria, no se perfila por ahora ningún tipo de solución, a juicio de Alexander Kudascheff.

La guerra, los asesinatos y las muertes prosiguen implacablemente en Siria. Es una guerra que no se desgasta ni siquiera en su quinto año. Es una guerra librada con inconcebible crueldad, en primera línea a costa de la población que es mantenida desde hace tiempo como rehén por todos los bandos. Y ahora ha muerto la última esperanza de mitigar o quizá incluso de acabar esta guerra mediante negociaciones entre estadounidenses y rusos. Las conversaciones entre Moscú y Washington se han cortado y con ello se ha desvanecido el último atisbo de esperanza.

Sin perspectivas de acuerdo

El fracaso de las conversaciones – uno no sabe si llamarlas negociaciones- en realidad era previsible. Las negociaciones se basan en la premisa de tomar en cuenta y en serio los intereses de la contraparte y tratar de conciliarlos con los propios, para ver si es posible lograr un acuerdo. ¿Pero qué ocurre con las conversaciones sobre Siria? Los rusos tienen un interés primordial: quieren mantener a Assad en el poder y, de paso, volver a convertirse en un factor digno de tomarse en serio en el Medio Oriente. Para ello están dispuestos a recurrir a cualquier medio, sobre todo militar. Assad, lógicamente, quiere mantener el poder y no tiene interés alguno en hacer concesiones, porque cualquier acuerdo significaría su fin político inmediato. Turquía no quiere que se instaure un Estado kurdo. Irán desea fortalecer el predominio chiíta. Arabia Saudita, en cambio, quiere impedirlo. Y todos están contra el autodenominado "Estado Islámico” cuando les conviene militar o políticamente.

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Alexander Kudascheff, redactor en jefe de DW.

¿Y Occidente? ¿Y, sobre todo, Estados Unidos? Tiene interés en poner fin a la guerra. Quiere, sobre todo por razones morales, que terminen las masacres y los ataques aéreos. ¿Pero qué quiere en el aspecto político?  ¿Una Siria en sus antiguas fronteras? ¿Con o sin Assad? ¿Un Estado kurdo, o ninguno? ¿Volver a entablar un diálogo político con Irán? ¿Reconocer a regañadientes su sitial geopolítico, o no? ¿Y a cambio marginar  políticamente -como bastión espiritual del salafismo- a Arabia Saudita, hasta ahora un factor de estabilidad del lado de Occidente, sin tomar en cuenta las consecuencias económicas y políticas? ¿O quiere apoyar a la monarquía de Riad? El mero hecho de que el Congreso de Estados Unidos admitiera demandas de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre contra Arabia Saudita, contra el voto y el veto de Obama, demuestra que Riad ya no puede sentirse como un socio en Washington. También en este caso prevalece la moral sobre la política. Queda pues un interés común, a veces tibio: la lucha contra el EI.

A ello se suma el hecho de que Obama está en la fase final de su mandato. Y queda en evidencia que alejó en forma consecuente a Estados Unidos del papel de policía mundial. Obama no quiere que Estados Unidos siga interviniendo militarmente, aunque parezca estratégicamente sensato. Casi inadvertidamente, condujo a Estados Unidos a una política de retraimiento diplomático. Este vacío fue aprovechado por Rusia, calificada por Obama en forma errónea y despectiva como una potencia regional. Con la rigurosa voluntad de Putin, los rusos comenzaron a recuperar influencia en la política mundial. Están decididos a mantener ese curso por todos los medios; en Washington, en cambio, falta una "línea roja” a partir de la cual comience la contención.

Inmovilismo preelectoral

La pugna política se reanudará solo después de la elección de un nuevo presidente estadounidense. Hasta entonces, Putin creará en Siria hechos consumados, que ya no se podrán pasar por alto. No obstante, también los rusos recordarán que en Afganistán tuvieron  primero éxitos políticos y militares, antes de abandonar tras 10 años el país como perdedores. ¿Qué será pues de Siria tras una victoria militar de los rusos y de Assad? ¿Se convertirá en una Chechenia del Medio Oriente, con una paz de cementerio?  ¿O en un Afganistán, que naufraga en el terrorismo cotidiano? Si no opta de inmediato estratégicamente por una política de contención –y no hay indicios de ello- a Occidente no le queda de momento otra cosa que contemplar impotente los asesinatos y muertes en Siria. Y eso sí que es moralmente intolerable.

Autor: Alexander Kudascheff

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