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Europa

Opinión: Se hace limpieza en París

El nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, perdió a su aliado social-liberal François Bayrou. Buena señal, comenta Max Hofmann, porque sólo así podrá el flamante mandatario conservar su credibilidad.

"Un repliegue de cortesía". Así denominan en Francia lo que ocurre después de una elección parlamentaria. El primer ministro retira su Gobierno y lo vuelve a poner en marcha, a veces con cambios ligeros. Se trata de una formalidad que permite sacarle provecho a la evaluación de los resultados de los comicios. Pero lo que acontece en Francia en este instante tiene poco que ver con la cortesía y mucho con la credibilidad.

Cuatro ministros se han visto obligados a abandonar el gabinete; tres de ellos son miembros del social-liberal Movimiento Demócrata (MoDem), liderado por el veterano político centrista François Bayrou. El propio Bayrou, que fue nombrado ministro de Justicia del Ejecutivo de Édouard Philippe, anunció la entrada en vigor de una ley para "mejorar las maneras de la vida política nacional" o, dicho de una manera menos pomposa, para luchar contra la corrupción. En ese sentido, Bayrou estaba alineado perfectamente con el presidente de la República, Emmanuel Macron, quien ya había jurado hacer limpieza en París y poner fin a la desvergonzada malversación del dinero de los contribuyentes y al abuso de las posiciones de poder para el enriquecimiento ilícito de quienes las ocupan o de sus allegados.

Hofmann Max Kommentarbild

Max Hoffman, comentarista de DW.

Esperando por los pasos en falso

Qué lamentable que ahora el partido de Bayrou esté en la mira de los fiscalizadores. Se sospecha que la formación desvió recursos de la Unión Europea para financiar procesos internos. En Gobiernos anteriores el asunto habría sido desestimado como una nimiedad. Y en comparación con la falta en que incurrió el candidato presidencial conservador, François Fillon, que hizo posible el pago de hasta un millón de euros a su esposa por labores hasta ahora no comprobadas, ciertamente es una pequeñez. Pero Macron asumió la jefatura del Estado con la promesa de levantar la alfombra y barrer debajo. Y es de cara a esa promesa que su gestión será medida.

De ahí que sea lógica la actuación del flamante presidente. En realidad, Macron no puede hacer sino lo que está haciendo. El hastío que la política despierta en los franceses no ha desaparecido; eso quedó claro con el alto índice de abstención en las elecciones parlamentarias. Al contrario, en la extrema izquierda y en la ultraderecha, formaciones como Francia Insumisa y Frente Nacional esperan pacientes a que el nuevo Gobierno dé sus primeros pasos en falso con miras a sacarle provecho al potencial radical del electorado galo. Si Macron no quiere nadar desde el principio de su mandato en el mismo charco de corrupción elitista donde se ahogaron sus predecesores, él tiene que tomar medidas drásticas.

No obstante, la situación es muy incómoda para el joven presidente. Para empezar, nunca ha sido bien visto que las infracciones de ministros puntuales salgan a la luz cuando ya ocupan el cargo. Uno se pregunta, ¿es realmente tan difícil hacer un examen exhaustivo de los problemas que pueden surgir al conformar un Gabinete? En segundo lugar, a Macron se le agota la cantera de ministros experimentados e inmaculados. Del MoDem ya no puede esperarse nada, considerando que hasta su líder debe retirarse. De facto, Macron ha perdido a su aliado principal. Ahora le toca llenar los huecos con personal de sus propias filas. Pero eso no será fácil porque más de la mitad de la gente disponible carece de experiencia política. En otras palabras, Macron está cumpliendo su promesa de renovación y, al mismo tiempo, dejando en evidencia la escasa competencia de quienes lo respaldan.

La coalición se ha roto, la credibilidad ha sido salvada

El propio presidente debe haberse arrepentido mucho en días recientes por haber establecido una alianza con el MoDem. Y es que Macron obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional aún sin la ayuda de Bayrou & Cía. Ese triunfo habría lucido mayor si el partido de Macron, La République En Marche, no hubiera renunciado a candidaturas para favorecer a su socio. Hace pocas semanas Macron debe haber creído que su partido dependía de una coalición con los social-liberales. Por otro lado, es mejor un final con suspenso que una historia de horror sin fin. Ahora Macron tiene un mayor margen de maniobra, independientemente de que la caída de su aliado haya reducido su mayoría. Para el presidente vale más una pequeña mayoría que cero credibilidad.

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