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El Mundo

Opinión: Se desvanecen esperanzas de paz para Siria

La oposición se marchó de Ginebra debido al estancamiento en las negociaciones. Y el Gobierno de Al Assad renueva la intención de una victoria militar. Por ningún lado se ve solución al conflicto, opina Barbara Wesel.

Por supuesto, siempre existe cierta teatralidad en tales conversaciones: el enviado especial de la ONU para las negociaciones ha catalogado la partida de la oposición de la mesa de paz como un “teatro diplomático”. Bueno sería, si eso fuese cierto. Los representantes de los grupos de oposición no están mostrando únicamente su ira ante las infructuosas negociaciones, las que, por cierto, no han avanzado ni siquiera un milímetro. A los delegados se les dificulta cada vez más mantener unidos a los diferentes grupos que representan.

El fin del cese al fuego

El cese al fuego, el cual es la base de las negociaciones, ha estado desde un principio en amenaza. Sin embargo, el derramamiento de sangre disminuyó en las semanas pasadas y los actores involucrados se congregaron en una mesa de negociaciones. Aún así, el presidente sirio, Bashar al Assad, lanzó una ofensiva militar para la toma de Alepo y Latakia, demostrando, con la ayuda rusa, su intención de querer aún una victoria militar y no la de una salida pacífica negociada. Como mínimo, busca fortalecer su posición terrestre y así tener solo que otorgar concesiones marginales durante las negociaciones.

Barbara Wesel Kommentarbild App *PROVISORISCH*

Barbara wesel, corresponsal desde Bruselas

Sus enviados en Ginebra lo demuestran: con una actitud arrogante ofenden a la oposición y muestran no tener ningún interés en contribuir constructivamente. Las demandas de liberación a prisioneros y de brindar asistencia a ciudades asediadas han sido completamente ignoradas. Así como se niegan a discutir sobre el futuro de Al Assad. Las recientes elecciones en Damasco han sido una farsa y la propuesta de un “Gobierno de unidad nacional”, un insulto; tan solo Assad y un grupo selecto de sus amigos políticos conformarían tal Gobierno.

Nadie sabe qué quiere Rusia

En marzo, cuando el presidente Vladimir Putin retiró gran parte de sus tropas y del armamento pesado de Siria, parecía que se aproximaba una solución al conflicto. ¿Pedirá Putin, finalmente, a sus vasallos en Damasco a ponerle fin a la sangrienta guerra? Sin embargo, pocas semanas después parecía que tales esperanzas se volvían a esfumar: Assad seguía igual de inflexible y las muertes continuaban.

Para la oposición no es posible una paz que incluya al mandatario. Los negociadores no pueden, en representación de sus grupos, encontrar espacios en común con el presidente. Y es que mucha gente ha muerto debido al dictador. Ahora que el cese el fuego se ha hundido, dos de las milicias más grandes han hecho un llamado para nuevamente alzarse en armas. En este momento solo una intervención de Moscú podrá ponerle fin a este callejón sin salida. Pero nadie sabe lo que quiere Putin. ¿Una victoria militar de Assad? ¿La división del país? ¿Paz solo bajo sus condiciones?

Dadas las condiciones actuales, las negociaciones en Ginebra están condenadas a fracasar. El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, quiere seguir intentando, pero le hacen falta aliados. Solo la intervención conjunta de las grandes potencias pueda, tal vez, prevenir la ruptura de las negociaciones. Mientras tanto, debería existir un plan B: imágenes de combatientes opositores con misiles antiaéreos están alimentando los rumores de que ahora Estados Unidos está listo para proveerlos de armas que les brinden una igualdad militar, lo que conduciría tan solo a un mayor derramamiento de sangre. El país se adentraría aún más en el abismo, y forzaría a huir a miles de personas más. La culpa recae sobre Bashar al Assad y sus partidarios. Y la llave para una solución la tiene Moscú. Si llegase a fallar la tercera ronda de la mesa de paz, no quedará ya más esperanza para Siria.


Para aprender: aquí pude usted leer l versión original de este artículo en alemán.

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