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El Mundo

Opinión: ¿Que nos observen todo lo que quieran?

Las cámaras de circuitos cerrados (CCTV) nos observan todos los días, en las calles y desde los hombros de agentes de seguridad. Nada malo, creía, por lo menos hasta este año, Charlotte Potts.

Bodycam de la Policía alemana

Bodycam de la Policía alemana

Desde hace años soy observada, como cada uno de nosotros. Las autoridades estadounidenses tienen docenas de versiones de mis huellas y mis fotografías almacenadas. En Londres y Berlín hay horas de grabaciones en videos en los que aparezco abordando un avión o el metro, así como imágenes mías yendo al trabajo en el circuito del Gobierno o visitando museos. Eso no me asusta. Entre más imágenes tengan, mejor. Porque si yo no cometo ningún delito, mis imágenes se pierden en ese mar de informaciones inmanejables que acumulan las autoridades.

¿Arma mágica contra el crimen?

 Charlotte Potts, de DW

Charlotte Potts, de DW

En Berlín monitorean cerca de 15.000 cámaras el transporte y los edificios públicos. Mientras en la mayoría de los países del mundo la vigilancia es omnipresente, en Alemania apenas aumenta. 

Gracias a los Circuitos Cerrados de Televisión (CCTV) ha sido posible dilucidar muchos crímenes, como el del delincuente búlgaro que empujó por la espalda a una joven en una estación de la línea del metro de Berlín, un delito que tuvo lugar el 27 de octubre pasado. Pero la captura del agresor solo fue posible gracias a la publicación de las imágenes por parte de un trabajador de ese medio de transporte.

Libertad vs. seguridad

También el joven solicitante de asilo que asesinó a una estudiante de medicina en Friburgo fue aprehendido, gracias a imágenes de CCTV. No puede haber mejor publicidad para los fabricantes de equipos de monitoreo que ese tipo de sucesos.

Entre más tensa sea la situación de seguridad, menos preocupa la falta de respeto a la privacidad y la injerencia en los derechos civiles. Pero, ¿a qué tanta libertad estamos dispuestos a renunciar para resguardar nuestra seguridad?

Cámaras corporales, ¿pronto en toda Alemania?

Los ferrocarriles alemanes (Deutsche Bahn) ensayan actualmente cámaras que cuelgan del cuello como un collar, con las que se busca disuadir a potenciales agresores o identificarlos después. No es una mala idea, toda vez que con estas bodycams también se pueda controlar la conducta de las fuerzas de seguridad frente a los ciudadanos.

Esa fue al menos la idea de activistas negros en Estados Unidos tras la muerte de Michael Brown, en Ferguson, a manos de un policía que asegura que este lo quiso agredir. Pero esas imágenes no fueron grabadas.

Registro de abusos

 Los abusos por parte de policías, sobre todo contra ciudadanos negros, desencadenaron un debate nacional. Tras Ferguson aparecieron un sinnúmero de videos hechos por peatones que mostraban las evidencias que la Policía negaba.

Ahora, son cada vez más los circuitos policiales que obligan a sus agentes a llevar cámaras corporales, pero también muchos  ciudadanos negros las portan, por si acaso. Así, cada uno puede recurrir a las imágenes registradas por ellas.

Un sabor amargo

Resumiendo: la videovigilancia trae una gran cantidad de ventajas. Algunos criminales pueden ser identificados y capturados más rápidamente y posibles desmanes de la Policía pueden ser registrados y esclarecidos.

Desde hace años estoy siendo observada y no me había importado mucho. Pero tras los casos conocidos en 2016, me queda un resabio amargo . ¿Qué pasa si las imágenes caen en las manos equivocadas? ¿Y si piratas informáticos rusos hackean los circuitos cerrados de televisión? ¿Qué pasa si tengo que dar cuenta de cada uno de mis pasos?

Para las cámaras de seguridad vale lo mismo que para cualquier otra herramienta tecnológica: sólo es buena hasta que es utilizada en contra de uno mismo.

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