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Europa

Opinión: ¿Preparados para defenderse?

NY, Madrid, Londres, ahora París. Alemania ha tenido suerte. En tiempos de encendido debate acerca de política de asilo, queda claro que el asunto rebasa la cuestión de la capacidad de acogida, opina Volker Wagener.

¿Cuántos fanáticos del Estado Islámico habrá entre los cientos de miles refugiados en Alemania? Probablemente usted también se planteó la pregunta aún antes de que los últimos heridos de los atentados de París fueran atendidos.

No es extraño hacer la conexión entre los islamistas asesinos de París y los flujos de refugiados que llegan a Alemania, sobre todo desde Siria. ¿No dijeron que en uno de los lugares de los atentados encontraron un pasaporte de un refugiado sirio que había entrado por Grecia el 3 de octubre? Sí, así es. Pero sería necio y demasiado simplista ligar las detonaciones de París con los refugiados.

¿Refugiado igual a terrorista camuflado?

Al lado de la masacre en Francia, el “problema de los refugiados” amerita por lo pronto sólo una nota al pie de página. Los albergues, los costos… parecen minucias comparadas a la fantasía terrorífica de que en el país se encuentran terroristas no identificados y dispuestos a todo. El 13 de noviembre parisino ha subido el tono en la política interior alemana. La pregunta que se plantea más que nunca es: ¿la canciller Merkel debe cambiar su política de asilo? La respuesta es “no”, por lo menos no en lo medular.

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Volker Wagener

Hay que saber que quien ya esté en territorio alemán y tenga derecho al asilo no puede ser repatriado. Y que los nuevos que lleguen buscando asilo no tienen necesariamente que quedarse en Alemania. Una de las consecuencias de los atentados de París tendrá que ser la efectiva puesta en práctica de la regla de cuotas acordada en la Unión Europea.

Sobre todo hay que estar conscientes de que los refugiados de Siria, Iraq y Afganistán son tan víctimas del terrorismo islamista como los inocentes que perdieron su vida o su salud en la capital francesa. Por supuesto que existe el riesgo de que entre ellos se escondan yihadistas. Pero, en realidad, éstos no requieren de los caminos del asilo para llegar a Europa. Pueden llegar siempre y por todos lados. Las autoridades han detectado 420 personas potencialmente peligrosas en Alemania; en toda Europa, más de 3500. La protección perfecta no existe.

Cuidado con los que vuelven

El mayor peligro lo suponen los retornados: jóvenes alemanes o musulmanes de Alemania que han sido reclutados por el Estado Islámico y que, en parte han sido entrenados para el terrorismo y la guerra. Muchos de ellos vuelven a Europa con orden de matar. Hay que identicarlos y neutralizarlos, también preventivamente. De todas maneras, quien haya participado en Siria o Iraq en los ataques del EI contra curdos o yazidíes han cometido un delito. Alemania cuenta con 3.000 nuevos policías, 475 nuevos agentes hay en los servicios de inteligencia. Son pasos correctos. Son medidas que, sin duda, limitan desde ya las libertades individuales. Pero son el precio de la seguridad. Necesitamos más servicios secretos. Una sociedad liberal debe soportarlo.

Europa tiene que reinventarse

Después de los atentados de París y en pleno flujo migratorio –sobre todo de origen musulmán- también la Unión Europea se ve obligada a actuar. La solidaridad con Francia está bien, pero se convierte en un gesto ingenuo si no se ve el terrorismo del EI y la corriente migratoria en su relación de causa y efecto. Europa está en crisis, los egos nacionales están de moda. Esto abona el terreno del EI. La gente que llega a Alemania ha huido del terror islamista. Protegerla es un deber europeo, no sólo alemán. Mientras esto no se entienda a nivel de toda la UE, las manifestaciones de solidaridad con los franceses no pasarán de ser un vacío saludo a la bandera.

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