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ACTUALIDAD

Opinión: Papa en México, misión imposible

El viaje de Francisco a México es peligroso y, al mismo tiempo, un acto de equilibrismo político y religioso. El pontífice no podrá satisfacer las enormes expectativas, opina Astrid Prange.

Presos muertos, estudiantes desaparecidos, refugiados tiroteados y sacerdotes asesinados. México vive un brote de violencia tras otro. El ánimo en el país es explosivo. Y ahora, un día antes de la llegada del papa Francisco, 50 personas pierden la vida en el mayor motín carcelario de la historia del país.

¿Qué significa la presencia del Papa en un momento como este? Con seguridad solo una cosa: Francisco no podrá resolver los problemas del segundo país católico más grande del mundo en su viaje de cinco días y tampoco podrá satisfacer las desmesuradas expectativas puestas en él. Pero lleva un importante mensaje en su equipaje: No tienes que amar a tus enemigos, pero sí conversar con ellos. Él mismo es un buen ejemplo: poco antes de su llegada a México, hará una parada en Cuba para reunirse con el patriarca ortodoxo ruso Cirilo.

Otra vez Cuba

Aunque los anatemas y las excomuniones mutuas son historia hace mucho tiempo, recién ahora los líderes de la Iglesia Católica Romana y de la Iglesia Ortodoxa Rusa se sentarán a conversar. No es que los dirigentes ahora vayan a ser amigos, pues sus posiciones están muy distanciadas. Pero su centenaria enemistad parece, a estas alturas, demasiado anticristiana, especialmente teniendo en cuenta la persecución que sufren algunos cristianos en distintos lugares del mundo. Y esto es exactamente lo que ambos han reconocido.

Astrid Prange escribe sobre Latinoamérica para DW.

Astrid Prange escribe sobre Latinoamérica para DW.

En México es otro cuento. La extrema diferencia entre los pobres y los ricos ha provocado una división de la sociedad. El presidente Enrique Peña Nieto ha preferido destacar el crecimiento económico en lugar de conversar con sus críticos, entre los que se encuentran estudiantes, profesores y sindicalistas que protestan regularmente contra las políticas del Gobierno. Exigen el fin de la impunidad y de la corrupción.

El presunto asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en Iguala, ocurrido en septiembre de 2014, se ha erigido como un ícono de la impunidad dominante en el país. El crimen sigue sin ser aclarado. También el reciente motín en la cárcel de Monterrey es una nueva muestra de las deficiencias que exhibe el país en derechos humanos y en el respeto al Estado de derecho.

Francisco verá esas deficiencias gracias a su visita a una de las mayores cárceles del país, en Ciudad Juárez. Pero incluso el Papa de la Paz tiene enemigos. Sin ir más lejos, el muy católico presidente Peña Nieto no está muy entusiasmado con la hoja de ruta que preparó el pontífice. Así fue que el encuentro con los familiares de las víctimas de Ayotzinapa se cambió de forma solapada por un servicio ecuménico. Dada la tensa situación que vive el país, no se puede descartar que el trazado ideado inicialmente sufra nuevos cambios.

Revolución pendiente

Incluso en su propia Iglesia, Francisco enfrenta cierta resistencia. El encuentro con las víctimas de los escándalos de abusos por parte de sacerdotes finalmente no tendrá lugar. Una amarga decepción para muchos exseminaristas que fueron abusados durante décadas por el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel.

El ejemplo de los escándalos de abusos muestra que incluso dentro de la Iglesia Católica la impunidad sigue siendo rampante. Ninguno de los responsables de esos abusos ha enfrentado a la Justicia. Parece ser que el Papa ha alcanzado más logros a nivel de política internacional que a la hora de reformar el Vaticano. Después de su revolucionaria intervención en el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos y el revolucionario encuentro con el patriarca Cirilo, la revolución en Roma seguirá esperando.

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