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Europa

Opinión: No más cobardía frente a Turquía

Si se confirma que el presidente de Turquía quiere hacer campaña en Alemania a favor de su referendo, Angela Merkel debe impedírselo. Este país no debe servirle de tarima a un aprendiz de dictador, comenta Barbara Wesel.

Türkei Angela Merkel - Binali Yildirim (Reuters/Ho)

La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro turco, Binali Yıldırım.

Por fin uno abre la boca: Ralf Jäger, ministro de Interior del Land de Renania del Norte-Westfalia, ha exhortado al Gobierno de Angela Merkel a impedir que el "hombre fuerte” de Ankara, Recep Tayyip Erdogan, haga campaña política en Alemania para promover la reestructuración del Estado turco. Pero Jäger levanta la voz cuando el pecado ya se ha consumado a medias, después de que al primer ministro se le permitiera hacer propaganda en Oberhausen a favor de un régimen autocrático en el país euroasiático.

Yildirim aseguró que el propio Erdogan vendría pronto para explicarles a los turcos de la diáspora germana las ventajas del desmontaje de la democracia en su patria. Un anuncio semejante deja claro que ya es hora de ponerle coto al mandatario turco.

Barbara Wesel Studio Brüssel (DW/G. Matthes)

Barbara Wesel, comentarista de DW.

Turquía, encaminada hacia una dictadura

Y es que Erdogan ya se comporta como un autócrata veterano. En este instante hay más periodistas presos en Turquía que en China; el comunicador turco-alemán Deniz Yücel está en prisión desde la semana pasada. En Estambul ya comenzó el proceso contra el político opositor Selahattin Demirtas. Amnistía Internacional describe el récord de Turquía en materia de derechos humanos como uno de los peores a escala global por la prevalencia de detenciones y juicios arbitrarios en su territorio, por mencionar sólo dos de las prácticas opresivas a las que recurre el oficialismo.

Desde el fallido golpe de Estado contra Erdogan, perpetrado a mediados de 2016, lo que acontece en Turquía es visto con cada vez más horror en Europa. Turquía, que llegó a tener posibilidades reales de unirse al bloque comunitario, ahora sólo dialoga con Bruselas para cumplir una formalidad. Desde hace meses es evidente que Erdogan quiere concentrar todo el poder del Estado en sus manos y gobernar a sus anchas. Esa tradición tiene sus raíces en el Imperio Otomano y –como el presidente ruso, Vladimir Putin, quien le sirve de ejemplo– Erdogan sabe lo sencillo que es alinearse con ella. Mientras tanto, la oposición ha sido encarcelada; la prensa, amordazada y los ciudadanos más liberales, amedrentados. Al final de ese camino no hay otra cosa que una dictadura.

Todavía es objeto de debate dónde está el límite que separa a un régimen autocrático de uno totalitario. En Turquía, es posible que el referendo del 16 de abril para reformar la Constitución nacional sea el punto de inflexión. Después de todo, con ese plebiscito, Erdogan y su clan buscan tomar todas las riendas del poder. Erdogan quiere mandar sin restricciones y para lograrlo extingue todo foco de resistencia.

Alemania no debe servirle de tarima

Dadas las circunstancias, el Gobierno alemán no debe permitir que nuestro país le sirva de tarima al presidente turco a la hora de cazar votos. Lo que Erdogan hace es muy diferente de lo que el candidato presidencial francés Emmanuel Macron hizo hace unos días en Londres, donde buscó el respaldo de sus compatriotas en suelo británico; Macron no violó regla democrática alguna ni se abstuvo de sostener un encuentro cordial con sus anfitriones.

Por sí solo ya es grave el hecho de que Alemania no haga más que criticar verbalmente el curso de los acontecimientos en Turquía. De ahí que el Gobierno germano deba cuidarse de no convertirse en un cómplice. En otras palabras: al presidente Erdogan no se le debe prestar ni una sala, ni un micrófono, ni un guardaespaldas mientras esté en Alemania para persuadir a sus compatriotas de ayudarlo a obtener el poder total en Ankara. Erdogan puede hablarle a los turcos en Alemania a través los medios estatales bajo su control. Alemania no debe ponerle un altavoz en las manos.

Para posibilitar la extorsión hacen falta dos

El pacto entre Ankara y Bruselas para que Turquía retenga en su territorio a los refugiados encaminados hacia la Unión Europea suele ser esgrimido, a más tardar, cuando llegamos a este punto de la argumentación. Pero, para empezar: aparte de defender la democracia con palabras, también debemos defender con valentía nuestras convicciones. Y la hora de hacerlo ya llegó, considerando el auge de los radicales de derecha en los países europeos.

Y segundo: el "sultán del Bósforo” depende más de nosotros de lo que muchos creen. La lira, la moneda de Turquía, se desplomó; la economía se paralizó, los inversionistas tienen miedo… Y, además, hay tratados arancelarios entre Turquía y la UE. Eso le da a los europeos suficiente asidero para refutar las amenazas de Erdogan con sutiles alusiones a los factores económicos.

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