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El Mundo

Opinión: Miedo, odio y megalomanía

La gestión de Obama dejó frustrados a muchos estadounidenses; no pocos de ellos han asumido la postura de marginados, dándole a Trump la posibilidad de una victoria en las primarias republicanas de Iowa, opina Ines Pohl.

Ines Pohl, comentarista de DW.

Ines Pohl, comentarista de DW.

Por no cumplir con las grandes expectativas creadas durante la campaña electoral, lo que podría entenderse como “mentiras calculadas”, es común que políticos electos decepcionen a quienes votaron por ellos. Claro que también entra en juego la sobreestimación de los políticos al hacer sus promesas. No se sabe a ciencia cierta, una vez en el poder, que tanto de lo prometido en realidad van a cumplir. Esto vale también, y en especial, para presidentes de los Estados Unidos. En su último gran discurso dirigido a la nación norteamericana, Barack Obama habló abiertamente sobre lo poco que pudo cumplir sus sueños y esperanzas como presidente.

El fracasado sueño de la era Obama

Donald Trump lidera las encuestas de precanditados republicanos.

Donald Trump lidera las encuestas de precanditados republicanos.

Obama no es el único decepcionado, también lo están millones de personas que creyeron en su promesa de cambio y esperanza. Aún los que no votaron por él tuvieron la ilusión de que Obama, el primer presidente negro, un novato lleno de energías, ajeno a los círculos convencionales de la política, reinventaría el país. Anhelaron que Obama acabaría con la corrupción y haría que Estados Unidos volviera a ser aquello de lo que como país se sienten tan orgullosos: una verdadera democracia en la que con trabajo duro se puede hacer de los sueños realidad.

El sueño ha fracasado y muchos de los demócratas decepcionados se han apartado con gran antipatía de la política convencional, lo que termina beneficiando a quienes se sienten marginados. Además, muchos de los simpatizantes del partido republicano no ven la igualdad de derechos de homosexuales y las compasivas leyes de inmigración como logros, sino como ofensivas a los buenos tiempos pasados.

Este lunes (31.1.2016) se da inicio al juego electoral. Iowa es el primer estado, de un total de cincuenta, que elegirá qué candidatos de ambos partidos pasarán a la siguiente ronda para disputarse el puesto en la Casa Blanca. Y en estas elecciones todo es posible.

Candidatos en un país dividido

Las elecciones de 2016 se celebran en un país dividido, sumergido en una gran confusión, en extremos, donde argumentos sensatos tienen poca cabida. Las viejas certezas de la mayoría blanca son ahora definitivamente historia. Gran parte de la clase media teme a que su descenso siga en picada, mientras que los ricos acumulan cada vez más fortuna. Diez por ciento de los hogares adinerados disponen de más de la mitad de todos los ingresos. En el Gobierno de Obama la brecha entre ricos y pobres no se redujo, sino todo lo contrario, se agrandó.

La retórica de los debates está caracterizada por tener una mezcla de miedo, odio y megalomanía. En un mundo que es cada vez más complejo e impredecible –y en el que los Estados Unidos ya no tiene un rol definido–, crece el deseo por tener respuestas sencillas y un fuerte liderazgo que convierta en prioridad intereses nacionalistas. En este punto, vale la pena trazar paralelos con la coyuntura europea actual.

Todo es posible para Donald Trump

Todo esto es tierra fértil para el multimillonario Donald Trump. Lo que nadie quería creer, puede hoy convertirse en realidad. Es muy posible que esta estrella de reality show pueda en las elecciones primarias de Iowa y Nuevo Hampshire dar su primer paso a su nominación como candidato republicano. Y es que si se confía en las encuestas actuales, todo es posible; ni siquiera el escenario de que Trump llegue a la Casa Blanca es desestimable.

La gente quiere que sus ideas triunfen. Su egoísmo es interpretado como una fortaleza. Sus seguidores no se preguntan como él ha creado su fortuna. Para ellos la torre Trump en Nueva York es un símbolo de independencia.

Primer enfrentamiento de Clinton con la realidad

Para Hillary Clinton, la máxima candidata demócrata, el comienzo en Iowa es de suma importancia, por ser este su primer enfrentamiento con la realidad. Y aún cuando el candidato Bernie Sanders, la contraparte liberal de Trump, le gane a Clinton en estas primeras elecciones primarias, la exprimera dama tendría las elecciones de Nuevo Hampshire del 9 de febrero para revertir un eventual mal comienzo. Trump también sabe esto. Y seguramente disfrutará de toda la extravagante atención que surgirá a raíz del proceso electoral.

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