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Deportes

Opinión: Mal ejemplo

Roger Schmidt se negó a abandonar la zona de dirigencia y provocó una interrupción del juego. Esto no es solamente poco profesional, sino también arrogante, dice Olivia Gertenberger.

No, Roger Schmidt no es el primer entrenador de fútbol que está en desacuerdo con un árbitro. Tampoco es el primero que alza la voz y es enviado a la tribuna. Pero sí es el primero que se niega a seguir las instrucciones de un árbitro. Esto no es sólo poco profesional, es incluso arrogante. Un entrenador de fútbol que ignora al árbitro, es irrespetuoso y está muy mal asesorado. Él saldrá siempre perdiendo, eso se aprende desde las ligas juveniles. ¿Qué tipo de modelo a seguir para sus jugadores es un entrenador que se enfrenta al árbitro? Felix Zwayer no tenía otra opción que parar el juego hasta que Schmidt saliera del campo. Esto es conforme a las reglas. Y una novedad en la Bundesliga.

Olivia Gerstenberger, redactora de DW.

Olivia Gerstenberger, redactora de DW.

Se puede objetar que el árbitro Zwayer se abstuviera de enviar a la tribuna a Schmidt, después de que este mostrara su mala conducta con los jueces de línea. Sin embargo, los gestos con los ojos eran evidentes. Todo se hubiera podido solucionar de mejor manera. Un poco más de tacto podría haber sido apropiado. Pero los árbitros no tienen porqué rendir cuentas a un entrenador o jugador. Según Roger Schmidt, el arbitro fue muy terco y “en un juego tan apretado, el árbitro debería tener mayor cuidado”. Un punto de vista subjetivo.

Rudi Völler entra al ruedo

Para empeorar la situación, el director deportivo del Leverkusen Rudi Völler se inmiscuyó en el problema en una entrevista con el canal de televisión Sky: instó al árbitro a buscar una solución verbal, aseguró que la interrupción era completamente innecesaria y, finalmente, dijo que el Leverkusen perdió porque Felix Zwayer le habría negado a propósito un claro penalti por mano al Bayer.

No es la primera vez que Völler llama la atención por sus comentarios. Debería aprender, después de un partido caliente, a mantener la boca cerrada – así como Schmidt durante el partido. Y es que en lo que respecta a emociones, la cosa está clara: Lo que el árbitro pite, es la ley. Y quien no lo haya entendido, tendrá que aprenderlo. Y si es necesario, por medio de un escándalo.