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El Mundo

Opinión: Lucha por el alma de Estados Unidos

Donald Trump triunfa. Los estadounidenses han perdido su norte. Ya es hora que el presidente Obama y la clase política despierten y luchen, opina Gero Schließ.

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Gero Schließ

¿Qué es lo que está sucediendo con Estados Unidos? Esta pregunta no solo se la hacen muchos ciudadanos estadounidenses, sino también cada vez más personas en todo el mundo. Poco a poco no reconocen más al país norteamericano. La gente está profundamente preocupada. Y tiene razón. Todos se preguntan: ¿Hacia dónde van los Estados Unidos? Esta pregunta se podía responder hace un par de meses sin temor. Ahora la situación ha cambiado.

Un candidato presidencial divide al país

Donald Trump es el responsable. Con sus constantes declaraciones y frases fascistoides ha logrado dividir a los Estados Unidos, aumentando simultáneamente cada vez más su ventaja como precandidato presidencial del Partido Republicano.

Trump no es el único que tiene estas ideas. Y ese es el problema: Trump recibe una gran aprobación. Aún con sus últimas polémicas declaraciones ­­–en pro de la prohibición de entrada a musulmanes a Estados Unidos– originó entre sus seguidores un gran aplauso. Esta declaración es de momento la última de una serie de provocaciones dirigidas en contra de musulmanes y latinos. Trump fomenta el miedo y la xenofobia, lo cual le ha generado éxito en un sector de la población.

¿La voz de una mayoría silenciosa?

Trump es el primero que le ha dado voz a una minoría (¿o mayoría?) que hasta la fecha se encontraba en silencio. A pesar del auge económico, ésta se siente engañada. Ve a la superpotencia norteamericana ir en retirada en diversas partes del mundo, teme a la globalización y a la perdida de control. Y ve cómo hasta su patria está expuesta al terrorismo islámico.

Estos miedos son absolutamente justificables. Y el presidente Obama evidentemente no logra convencer de que los toma en cuenta. Su alocución desde el Despacho Oval tras lo sucedido en San Bernardino sirve de ejemplo perfecto: sonó sensata a sincera. Sin embargo, Obama quedó más como un profesor que como el líder que es capaz de demostrar autoridad, lo que muchos estadounidenses desearían. Donald Trump es un cuentista, embaucador y demagogo. No obstante, es para muchos de sus conciudadanos el hombre fuerte que anhelan.

Violación de los valores fundamentales

Con la exigencia de prohibición de entrada a musulmanes, Trump ha discriminado a toda a una comunidad religiosa. Esto ha sido un ataque al alma estadounidense. Los fundadores de Estados Unidos deben estar revolcándose en su tumba. Trump vulnera uno tras otro los valores fundamentales que defienden los Estados Unidos: la libertad de culto, el humanitarismo y la hospitalidad para los perseguidos de este mundo. Duranre generaciones, los estadounidenses coincidieron en estos valores. Ahora Trump los pisotea impunemente. Aún cuando los lideres del Partido Republicano se vuelvan ahora en su contra. Al parece esto no le haría ningún daño: Trump ha desafiado al partido, amenazando con una candidatura independiente. Y aún así, según encuestas, sus seguidores se mantienen fieles.

Hay que adentrarse a la historia de Estados Unidos para encontrar a un demagogo similar.

Claramente los Estados Unidos han perdido su norte. Cada vez hay más personas dispuestas a renunciar a su independencia. En vez de un inquebrantable optimismo y del amor a la libertad se está dando paso al miedo y a la agresión. Todo puede terminar escalando a una lucha de culturas por el alma de Estados Unidos, por la identidad de este gran país, que tanto quiere ser un modelo a seguir.

La élite política aún no reconoce el problema

No parece que el presidente Obama y la clase política en Washington hayan reconocido este potencial de peligro. Es hora que despierten y luchen. Y no es una buena señal que las peroratas de Trump sigan creciendo. Esto demuestra cuán profunda es la erosión en la política. Pero ya es suficiente.

Estas no son buenas noticias para Alemania y Europa. Los tiempos de Estados Unidos como un país fiable y estable pueden pronto quedar atrás. Y no es motivo para que Europa pueda presumir: lo que Trump es para Estados Unidos, Marine Le Pen lo es para Francia.

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