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Alemania

Opinión: “Llegó la hora de alzar la voz por la democracia”

El jefe del movimiento Pegida renunció y hubo menos manifestantes en la última protesta. Muchos creen que así se soluciona el problema. Sin embargo, la verdadera tarea comienza recién ahora, opina Richard Fuchs.

¿Se le está acabando el aliento al movimiento antiislámico Pegida en Dresde y Leipzig? Desde el miércoles, muchos creen que le llegó la hora a las protestas callejeras de Pegida. Este miércoles participaron en la marcha solo 15.000 personas en lugar de las 40.000 que esperaban los organizadores. Una dura derrota para los “Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”. Como si eso fuera poco, el presidente del partido, Lutz Bachmann, renunció como consecuencia del escándalo que causó una foto suya, publicada por el diario Bild, en la que aparece disfrazado de Adolf Hitler, acompañada por comentarios de Facebook en los que califica a los extranjeros de “ganado”, “sinvergüenzas”, y “chusma”.

El fenómeno de los seguidores de Pegida

Richard Fuchs, de Deutsche Welle, Estudio Berlín.

Richard Fuchs, de Deutsche Welle, Estudio Berlín.

Quien ahora piense que estos sucesos harán que el movimiento Pegida se diluya por estar acéfalo y que desaparezca de la escena política podría estar equivocándose. A Pegida le va mal, pero, ¡cuidado! Aunque su fundador, de evidentes tendencias de extrema derecha, haya tirado todo por la borda, sus seguidores siguen en pie. Los simpatizantes de ese movimiento, que insultan a los políticos tildándolos de “traidores” y difaman a los periodistas tachándolos de “prensa mentirosa” continúan existiendo. Se trata de personas que, aparentemente, después de 25 años de la caída pacífica del Muro de Berlín y de la reunificación alemana están muy decepcionados del “Sistema Alemania” y de la economía de libre mercado.

Tanto si se manifiestan en las calles de Dresde o de Leipzig como si dan rienda suelta a su frustración sobe la democracia representativa en su círculo personal, lo hagan donde lo hagan están perjudicando la convivencia pacífica. Por eso, ignorar o mirar hacia otro lado no son medios adecuados para desenmascarar las ideas de Pegida como “desviación” en el discurso democrático de la sociedad alemana. Los miedos difusos y las interpretaciones erróneas perdurarán en la gente, a pesar de que las manifestaciones sean menores. Al mismo tiempo, el vacío de poder en la cúpula del movimiento representa también una oportunidad para separar a los ciudadanos frustrados de los de tendencias de extrema derecha. Asimismo, es una oportunidad de volver a promover la confianza allí donde esta parece haberse perdido definitivamente.

Dar el ejemplo

Dar el ejemplo a la sociedad solo será posible si los representantes del pueblo, elegidos democráticamente, así como los periodistas, también vuelven a asumir su rol de modelos. Un modelo que no acepta que a parte de la sociedad –como se hace con los seguidores de Pegida- se la de por perdida, y se piense que no vale la pena luchar por ellos. Es decir, que se necesita gente en el gobierno y en la sociedad civil que personifiquen en la vida cotidiana los valores democráticos. Solo así, si aumentan los ejemplos democráticos en pos de una mayor tolerancia y unos valores constitucionales vividos en la realidad, podrán palidecer los falsos clichés sobre extranjeros y las imágenes distorsionadas en los medios.

Eso seguramente no convencerá a los seguidores antiislámicos de Pegida de que vale la pena darle otra oportunidad a la democracia alemana. Pero cada individuo que se aleje de Pegida sería una ganancia para la democracia. Aunque a muchos no les guste: esta es la hora de alzar la voz promoviendo los valores democráticos.

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