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El Mundo

Opinión: Libertad para las niñas de Chibok, un éxito amargo

Otras 82 jovencitas secuestradas por Boko Haram en Chibok, Nigeria, fueron liberadas. Un motivo de alegría que, sin embargo, revela que esa organización terrorista sigue causando estragos, opina Thomas Mösch.

El presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, y las niñas de Chibok liberadas. (7.05.2017).

El presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, y las niñas de Chibok liberadas. (7.05.2017).

En total, más de la mitad de las 270 escolares secuestradas hace tres años por Boko Haram en Chibok, Nigeria, han sido liberadas. Un motivo de alegría y un gran éxito del Gobierno del presidente Muhammadu Buhari. Según informa la organización "Bring Back Our Girls”, aún permanecen secuestradas 113 niñas. Para intentar liberarlas, Buhari no quería y, evidentemente, no podía apoyarse en las fuerzas militares, sino que buscó apoyo en la Cruz Roja Internacional y en el Gobierno de Suiza. Para él, liberar a las chicas era tan importante que aceptó negociar con los terroristas e incluso les dio la posibilidad de que varios miembros de Boko Haram fueran liberados a cambio de las jovencitas.

Allí es donde la alegría por la liberación de las niñas cobra un sabor amargo, ya que las negociaciones y acuerdos demuestran que Boko Haram de ningún modo ha sido vencido, como quiere hacer creer el Ejército nigeriano desde hace meses. Al menos la parte del grupo terrorista que tiene aún a 113 chicas en sus manos está, evidentemente, en condiciones de protegerlas de la intervención de los militares.

 

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Las niñas de Chibok son valiosas

Además, las características de la liberación también revelan que el hecho de que las niñas sean conocidas es una bendición y una maldición. Las campañas nacionales e internacionales convirtieron en 2014 a Chibok en un símbolo del fracaso del Gobierno nigeriano de entonces. Y atrajeron la atención internacional hacia un conflicto poco tenido en cuenta hasta ese momento: el del noreste de Nigeria.

Mientras otros cientos de mujeres y niñas secuestradas apenas reciben atención, las chicas de Chibok se volvieron tan valiosas que ni los terroristas ni el Gobierno querían poner en peligro sus vidas. Para sus secuestradores, las niñas pasaron a ser un seguro de vida, ya que nadie quería ser responsable de un ataque al campamento en donde se encontraban, ya que podrían morir. Representantes del Gobierno y del Ejército lo admitieron abiertamente varias veces. Por otro lado, su fama también se convirtió en una maldición para ellas, al menos para las 21 niñas que salieron en libertad en 2016 luego de acuerdos similares. No podían volver a sus aldeas porque el Gobierno temía que los terroristas pudieran secuestrarlas nuevamente.

¿Y cómo seguirá todo ahora? ¿Podrán utilizarse las vías de negociación existentes para acordar un fin del terror? El Ejército hizo, evidentemente, todo lo que podía. Boko Haram fue arrinconado, pero aún puede atacar puntualmente y mantener a toda la región en vilo.

Las causas del terrorismo siguen vigentes

Justamente ahora es cuando habría que enfrentar las causas del terrorismo. Por un lado, la pobreza en el noreste de Nigeria, de dimensiones inhumanas incluso para quienes ya están acostumbrados a ella en el país. La comunidad puede ayudar allí apoyando a los pocos líderes nigerianos que se comprometen con honestidad en la lucha contra la pobreza y, en especial, en la reconstrucción del sistema educativo en ruinas.

También es necesaria la presión política. La violencia excesiva que emplearon el Ejército y la Policía contra la organización terrorista Boko Haram en los primeros años contribuyó a una radicalización masiva. El presidente Buhari prometió que, bajo su gobierno, las fuerzas de seguridad respetarían los derechos humanos. Si bien ha habido progresos, la intervención brutal y aún no del todo superada contra la minoría chiita a finales de 2015 es un ejemplo de que Buhari y su equipo tienen mucho por hacer en ese sentido.

Lo mismo vale para la lucha contra la corrupción, en la que Buhari está sinceramente interesado. Pero los informes sobre la malversación de fondos para ayuda humanitaria que estaban destinados justamente a las víctimas del terrorismo de Boko Haram demuestra que todavía hay un largo camino por recorrer.

Thomas Mösch (CP/DZC)

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