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Alemania

Opinión: La violencia vuelve a ser política

En 2015 hubo en Alemania más delitos políticos que nunca antes. Sobre todo aumentaron los de la extrema derecha contra extranjeros. Richard Fuchs opina que esto es consecuencia de un clima político enrarecido.

Lo que todos ya veían e intuían fue respaldado por las cifras: la estadística policial sobre el pasado año muestra un explosivo incremento de delitos motivados por razones políticas. Ya sea por ideas de la derecha, de la izquierda o por otros motivos políticos diferentes, nunca se cometieron en Alemania tantos actos criminales con trasfondo político. Víctimas de los 39.000 casos registrados fueron opositores políticos, extranjeros, grupos religiosos y ciertas etnias.

La violencia de extrema izquierda tuvo como objetivo la policía. La de extrema derecha se dirigió hacia los albergues de migrantes. Estadísticamente hubo tres delitos al día contra estas personas. No en vano, la imagen que quedó en la memoria colectiva en 2015 no es solo la de los refugiados que llegaban, sino la de un albergue en llamas.

La violencia política se combate políticamente

De forma refleja, tras los alarmantes titulares sucede lo habitual en estos casos. Da igual el partido que sea, todos piden más personal para la Policía y más protección a la Constitución. Se pide rapidez y más personal público. Se exige más video vigilancia en los espacios públicos y, como es habitual en tiempos de inseguridad colectiva, vuelve a ponerse en la agenda el tema de la misión del Ejército alemán, la Bundeswehr, dentro del propio país. En este caso, el reflejo de querer invertir masivamente en fuerzas de seguridad, implica la ceguera política en otro punto.

Fuchs Richard Kommentarbild App

Richard Fuchs, de Deutsche Welle

Un aumento de la seguridad es importante para hacer frente a la sensación de inseguridad y falta de derechos, pero no es un arma poderosa para luchar contra la violencia de izquierda y de derecha. ¿Por qué? Porque un salto cuantitativo en delitos motivados políticamente no puede ocurrir en vacío, sino solo en un clima político emponzoñado. Solo cuando las consignas xenófobas de Pegida y Alternativa por Alemania tuvieron autoridad, cuando llegaron al debate público, los racistas latentes se convirtieron en delincuentes. Lo que estaba latente dentro de muchas personas, se ha convertido en socialmente aceptable en muchos círculos, como demuestra la victoria aplastante de los populistas de derecha de la AfD en las elecciones regionales del pasado mes de marzo.

Primero vino la palabra, después los hechos. Lo que AfD, Pegida y demás sembraron, brota ahora en forma de odio en lugares como Heidenau, Freital y Bautzen. Eso significa que hay que combatir la violencia política con política, una perogrullada que suele dejarse a un lado en los tiempos de la democracia de Twitter en tiempo real, porque esta lucha es difícil, fragmentada, solo en ocasiones digital y, en cualquier caso, cara.

Para aprender: lea la versión original en alemán de este artículo

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