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El Mundo

Opinión: La venganza militar contra Corea del Norte no es la solución

Para compensar la muerte del estudiante estadounidense Otto Warmbier en Corea del Norte, Estados Unidos y, sobre todo, China deben asegurarse de que Kim Jong-un sea llevado ante la Justicia, opina Peter Sturm.

Hace cien años el asunto hubiese sido sido breve y doloroso. La gran potencia habría enviado un cañonero o una unidad militar más grande a la costa del pequeño país renitente. La unidad habría dejado entonces un puerto o alguna otra instalación importante en ruinas para defender, así, el "honor" de la superpotencia.

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El presidente Donald Trump sólo puede fantasear con una "solución" de este tipo en el caso del estudiante Otto Warmbier, que murió después de su retención en una prisión norcoreana. Y de verdad, esperemos que a Trump ni se le ocurra disparar contra Corea del Norte. No sólo por razones obvias, sino también porque Pyongyang aún tiene otros tres estadounidenses como rehenes: si Trump decidiera emprender una campaña de venganza, pondría directamente en peligro a sus compatriotas.

Sturm Peter Frankenberger Frankfurter Allgemeine Zeitung (Frankfurter Allgemeine Zeitung)

Peter Sturm es redactor del Frankfurter Allgemeine Zeitung

Ahora, por supuesto, lo que se fraguó con Warmbier en Corea del Norte es un hecho relevante. Como mínimo hubo omisión de auxilio, aunque lo más probable es que se haya tratado de un homicidio. Además, el caso es especialmente grave ya que el presunto delito de Warmbier debió simplemente considerarse como lo que fue, una bagatela, aunque se haya tenido mala voluntad.

¿Quién o qué exactamente proporcionó que el estudiante haya caído en estado vegetativo, del cual finalmente murió hace unos días? Esto es algo que solo saben las autoridades de Corea del Norte. No obstante, la responsabilidad política la tiene Kim Jong-un por incitar, en última instancia, a sus subordinados a cometer crímenes a través de la difamación constante contra todo lo que sea extranjero. Por este motivo, Kim Jong-un debería tener que enfrentarse a la Corte Penal Internacional.

Y aunque suene utópico, es la única manera correcta. Para lograr este objetivo, algunos actores deben superarse a sí mismos. Donald Trump, por ejemplo, no debería a seguir su instinto –lo que resulta bastante comprensible–. Pero antes que nada, China debe entender que está en sus intereses inmediatos cambiar el régimen de Pyongyang. Nadie creerá que Pekín está dispuesta a cooperar constructivamente en la resolución de conflictos si, en su esfera inmediata de influencia, deja pasar  con impunidad delitos flagrantes. Todos los implicados necesitan simplemente de voluntad política.
 

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