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Alemania

Opinión: La tentación de la extrema derecha

En Alemania la extrema derecha gana adeptos. La política de Merkel se convirtió en una amenaza para la paz social, a pesar de sus buenas intenciones, opina Volker Wagener.

Manifestación de Pegida en Dresde. (Archivo).

Manifestación de Pegida en Dresde. (Archivo).

La llegada de los refugiados, en el verano boreal de 2015, luego en el otoño, y más tarde también en el invierno, puso nerviosos a muchos. Primero, a quienes siempre se caracterizaron por pregonar su lamentable estrechez de miras: los racistas y los neonazis. Pero también muchos de los actores de la vida social alemana quedaron desorientados y sin palabras, tanto alcaldes como representantes políticos de los Estados federados y de Berlín, quienes transformaron la afirmación de la canciller, Angela Merkel, de que los alemanes “podemos lograrlo” en una pregunta: “¿Podemos lograrlo?”.

Wagener Volker, dw DW.

Wagener Volker, dw DW.

Hoy en día, los alemanes están más divididos que nunca. Ningún tema del pasado reciente polariza a la sociedad tanto como el de si este país debe continuar recibiendo a los solicitantes de asilo sin control alguno y en la misma cantidad en la que lo ha venido haciendo hasta ahora. Una prueba de fuego para la ética de la solidaridad. Sobre todo aquellos que se sienten sobrepasados en sus esfuerzos alzan cada vez más su voz. Hace tiempo que está claro que la política de refugiados de Merkel es una bomba de tiempo capaz de estallar en el seno de la sociedad alemana, ya minada. El consenso, una de las características esenciales de los alemanes, está en peligro. Sobre él se cierne la amenaza de la radicalización, y eso tiene sus motivos.

Pegida: un fenómeno de la calle

Entre las causas está el descontento de algunos ciudadanos que redescubren el poder de las protestas callejeras. El movimiento islamófobo Pegida, con sus manifestaciones de los lunes de un promedio de 10.000 personas, es uno de los fenómenos de esta crisis. Entre otros temas, sus adeptos critican la transición energética y polemizan sobre la política educativa, pero con respecto a la política de puertas abiertas de Merkel simplemente se unen todos bajo un mismo lema: “¡Fuera los extranjeros!”. Se puede decir también que Pegida solo actúa a pequeña escala en el Estado de Sajonia, pero, de hecho, este movimiento representa una tendencia hacia la extrema derecha que se observa en casi todo el este y el sur de Europa. Sus características principales son un aumento excesivo del nacionalismo y una paranoia pequeñoburguesa ante todo lo nuevo y foráneo. La nueva extrema derecha tiene explicaciones facilistas para el mundo actual. Sus seguidores son personas que no se adaptan a la era digital y que ahora han hallado un nuevo lenguaje, un foro y un tema.

AfD: un partido se moviliza

Esas particularidades se hacen notar especialmente a gran escala. El partido Alternative für Deutschland (AfD), conservador y neoliberal, ya estaba clínicamente muerto al ser fundado. Sin embargo, la política para los refugiados de la canciller alemana le brindó una segunda oportunidad. Primero solo tenía carácter populista, pero actualmente sus líderes se muestran abiertamente xenófobos y de extrema derecha. Este partido reúne ahora a todos los que cambiaron filas ante la apertura de fronteras iniciada por Merkel, incluso a ex electores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). En este momento, los sondeos otorgan al AfD un diez por ciento de los votos. Un diez por ciento para un partido que está en pleno proceso de radicalización. Cabe preguntarse si Alemania puede permitirse llevar a cabo una política para refugiados basada en una presunta superioridad moral.

Más responsabilidad que respalde la generosidad

De cara a la radicalización en el seno de la sociedad alemana, eso es más que problemático. Puede que Francia soporte un 30 por ciento del Frente Nacional, pero Alemania no podrá con eso debido a su historia. Es bueno que algunos políticos conservadores se hayan inmiscuido en el debate y lograran que Angela Merkel hiciera concesiones para organizar mejor lo que está dentro de las posibilidades del país. La generosidad de la canciller al interpretar el derecho de asilo es y sigue siendo digno de reconocimiento, pero, a mediano plazo, pone en peligro la paz social. Las buenas intenciones no alcanzan. Hay que asumir la responsabilidad de lo que significa gestionar esa generosidad. La estabilidad social también es un valor por sí misma, así como impedir que se forme un amplio movimiento de extrema derecha en Alemania.

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