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América Latina

Opinión: La República, a merced del juego político

Lo que asusta es que un proceso tan importante como la destitución de un presidente no transcurra de manera objetiva, sino que esté a merced de los ánimos de quien ocupa una posición clave, opina Francis França.

Brasilien Brasilia Waldir Maranhao

El presidente en funciones de la Cámara de Diputados de Brasil, Waldir Maranhao.

No fue una broma. Después de haber pasado exactamente dos días en el cargo, el presidente interino del Parlamento de Brasil anuló la votación a favor del impeachment contra Dilma Rousseff… para dar marcha atrás con su propia decisión un par de horas más tarde. Si quedaba alguna duda de que la democracia brasileña es conducida actualmente al antojo de unas pocas figuras claves en el juego político, ahora esa duda se ha disipado.

El proceso de impeachment fue acogido por la Cámara de Diputados siendo presidente de ella Eduardo Cunha (PMDB-RJ), quien declaró la guerra al Gobierno cuando comenzó a ser investigado en el marco de la Operación Lava Jato. Cunha hizo avanzar el juicio político de forma acelerada e inexorable. Cuando el proceso dejó de estar en sus manos, el Tribunal Supremo Federal lo suspendió de sus funciones, tras acusarle de haber utilizado su cargo para detener las investigaciones contra su persona.

Franca Tiebot Francis Kommentarbild App

Francis França, DW Brasil.

Tan sólo dos días hábiles después de la salida de Cunha, su sustituto, el diputado Waldir Maranhao (PP-MA), dio la vuelta al proceso y anuló la votación del 17 de abril. Su principal argumento era que los partidos no deberían haber interferido en el voto de los parlamentarios. Tenía razones personales para quejarse de esta práctica, ya que sufrió represalias de su partido por haber votado en contra del impeachment. Pero, poco después, por lo visto se asustó de su propia osadía y revocó nuevamente su decisión. ¿El motivo? Su partido podría haberle expulsado, lo que le habría costado su mandato.

Finalmente, hubo mucho ruido y pocas nueces, porque el Senado ha dicho que va a mantener el calendario de la votación sobre el impeachment. E incluso si se hubiera anulado la primera votación de la Cámara de diputados, una repetición probablemente tendría el mismo resultado. Es decir, solo se habría alargado el proceso.

Pero lo principal es que, tanto los argumentos a favor como en contra del impeachment son débiles y parecen servir de pretexto para satisfacer intereses personales. Independientemente de si se está de acuerdo o no con el proceso de juicio político, lo que asusta es que el rumbo de la República esté a merced de las voluntades de políticos de este o aquel grupo.

Lo que asusta es que un proceso tan importante como la destitución de un presidente no transcurra de manera objetiva, neutra y jurídicamente fundamentada, sino que esté sujeta a los ánimos de quien ocupa una posición clave, ya sea un aliado o un opositor del gobierno.

Esto sirve como clara respuesta a aquellos que se preguntan si las instituciones democráticas brasileñas han alcanzado la madurez. La respuesta es no.

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