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Europa

Opinión: La lucha de Merkel contra el nacionalismo

Angela Merkel es la más vigorosa defensora con que cuenta la UE entre sus filas. El mayor enemigo son las emociones nacionales. Pero ni siquiera la canciller alemana está libre de ellas, opina Jefferson Chase

La declaración de gobierno que presentó Angela Merkel puede resumirse así: poner en vereda a Turquía, ignorar a Trump y, en lo que respecta a Theresa May, simplemente esperar.

En la antesala de la cumbre de Bruselas, que también ha de dedicarse a preparar la gran cumbre de aniversario que tendrá lugar el 25 de marzo en Roma, Europa era en el fondo el tema de su discurso ante el Parlamento alemán. Pero la canciller dedicó una parte considerable de su alocución a un tema muy nacional: las comparaciones de Alemania Federal con la Alemania nazi hechas por políticos turcos de alto nivel, encabezados por el presidente Recep Tayyip Erdogan.

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Como Merkel dijo acertadamente, tales comparaciones son tan absurdas que huelga todo comentario. En teoría. El hecho de que Merkel sí las haya comentado subraya una vez más que también en la era de la globalización las susceptibilidades nacionales pueden tener una extrema carga emocional. Este quizás sea el mayor problema que deberán superar Merkel y la UE en el futuro cercano.

Problemas a la vista

Pese a las loas de Merkel a la UE, que calificó de "historia de éxito” y garante de la estabilidad y el bienestar europeos, el populismo derechista amenaza con desgarrar a Europa en sus fronteras nacionales. El electorado de Gran Bretaña optó por la salida de la UE. Y cunde el temor de que los populistas de derecha puedan incrementar su poder tras las próximas elecciones en Holanda, Francia y Alemania o que incluso lleguen a ser gobierno en París o La haya.

Merkel quiere mejorar las cosas. Abogó porque la UE asuma más responsabilidad por su propia seguridad, sobre todo en la región de los Balcanes, con lo que retomó de la manera más sucinta posible la crítica del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia sus aliados europeos de la OTAN. También aludió al "brexit” solo hacia el final de su discurso, únicamente para decir que no se puede decir nada hasta que los británicos presenten de manera formal su solicitud de salida. Sonó casi como si tuviera la esperanza de que los británicos pudieran entrar en razón en el último momento.

Jefferson Chase

Jefferson Chase

Pero eso no ocurrirá. Aunque Merkel intentó poner énfasis en lo positivo, el futuro se perfila muy complicado para ella y para la UE. Merkel no puede reaccionar a las comparaciones con la época nazi provenientes de Turquía de manera tan enérgica como quizás quisiera hacerlo, porque necesita al gobierno de Ankara. Solo gracias al acuerdo entre Turquía y la UE en materia de refugiados puede mantener  bajo control el número de migrantes que llegan a Alemania, y neutralizar ojalá así a los populistas de derecha en este país. Adicionalmente, la exhortación de Merkel a una colaboración más estrecha en la futura UE de los 27, como respuesta a Donald Trump, encuentra resistencia en muchos europeos que preferirían menos integración.

La amenaza nacionalista

La actitud conciliatoria típica de Merkel no bastará para superar las profundas brechas nacionales en la UE. Los participantes en la cumbre que se celebrará dentro de dos semanas se proponen celebrar los 60 años de los Tratados de Roma, que marcaron el inicio de la integración europea según el modelo actual. Pero el aniversario cae en un momento en que los nacionalistas en importantes países de la UE quieren reducirla a una unión aduanera o incluso eliminarla.

La canciller alemana es quizá en este momento la más vigorosa partidaria de la UE. Así lo demostró hoy su declaración de gobierno ante el Bundestag. Pero ella se contrapone a una tendencia: las susceptibilidades nacionales siguen siendo extremadamente importantes para muchos europeos. Incluso partes del discurso de Merkel estuvieron marcadas por ello. Y con este tipo de emociones nacionales lucha actualmente la UE en varios de sus países.

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