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El Mundo

Opinión: "Israel pisa hielo muy delgado"

El jefe del Gobierno israelí ha criticado fuertemente el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán. Está convencido de que el documento es una amenaza para su país. Se equivoca, dice Bettina Marx.

Los siete días de la celebración judía del Pesaj son de calma política en Israel, algo así como la Pascua en la política alemana. Pero este año fue distinto. El primer ministro de Israel no encontró la paz, ni siquiera en este tiempo. Mostró profunda preocupación por la seguridad de su país, pues teme que el acuerdo reciente sobre el programa nuclear de Irán constituya una amenaza directa a Israel. Por eso se esfuerza en hacer caer el compromiso marco. En numerosas entrevistas con medios estadounidenses, Netanyahu afirmó que hará lo posible por “matar” un mal acuerdo con Irán. Se mostró abrumado y agresivo. Si las sanciones contra Teherán se levantan y se permite que Irán conserve sus instalaciones nucleares, se desatará una carrera nuclear en la región, profetizó Netanyahu. Un Cercano Oriente preso de trampas nucleares, dijo, sería una pesadilla para todo el mundo.

Carrera nuclear

En efecto: un Cercano Oriente armado nuclearmente constituiría un escenario amenazador no solo para Israel, sino para el planeta entero. Uno no quisiera imaginarse lo que podrían hacer con ese armamento dictadores que solo se mantienen en el poder gracias a la represión y la violencia. Algo peor aún podría pasar si material nuclear, o la clave para tener acceso al arsenal de algún dictador caído en desgracia, llegara a manos de organizaciones terroristas y asesinas.

Para el pequeño país de Israel, que se ve a sí mismo como un islote democrático en medio de un entorno impío y hostil, tales visiones son una auténtica pesadilla capaz de quitar el sueño.

Bettina Marx, corresponsal política de DW

Bettina Marx, corresponsal política de DW

Pero ese es precisamente el escenario que se pretende evitar con el acuerdo marco con Irán. A este país le será permitido el uso de la energía nuclear solo con fines pacíficos. Al Gobierno de Israel esto no le basta. Demanda que Teherán reconozca el derecho de existencia del Estado de Israel, exigencia que ya ha sido rechazada por el Gobierno de Barack Obama. Con su estrategia de confrontación, Netanyahu pisa hielo muy fino. Después de todo, Israel es el único Estado en el Cercano Oriente que posee armas nucleares (hasta 300 cabezas nucleares, aunque la cifra exacta se desconoce, pues Israel no ha suscrito el acuerdo sobre la prohibición de este tipo de armamento ni autoriza la inspección a sus instalaciones). Así, es este país el que pone el fundamento para la carrera nuclear que ahora dice querer evitar.

Cambio político

Por eso, sería tiempo de intentar otras soluciones políticas que contemplen la cooperación y el entendimiento con los pueblos vecinos. Hay otros países que también se preocupan por la posible carrera nuclear de Irán. Con ellos, Israel debería buscar el diálogo y formar alianzas. Solo contra los demás, Israel no conseguirá sobrevivir en el Cercano Oriente. El Gobierno israelí debería dar un giro político y resolver, rápidamente y de una vez por todas, el conflicto con los palestinos. Esa es la primera condición para que comience a desaparecer el aislacionismo del país.

Además, Netanyahu debe terminar el ciclo de confrontación con Estados Unidos y reencontrar la vía de una buena y estrecha cooperación, como lo hicieron gobiernos anteriores. El acuerdo con Irán sería un buen motivo para ello. En vez de ponerle piedras en el camino, Israel debería congratularse de que los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, se ocupen de manera tan intensa en el desmantelamiento de la amenaza iraní, para beneficio de la seguridad de Israel. Los desafinados intentos del primer ministro por torpedear el acuerdo son una ofensa para Estados Unidos y para todos los demás socios de Israel en la negociación. Pero, sobre todo, son dañinos para su propio país.

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