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Europa

Opinión: Hollande, el irresoluto, sigue firme

¿Qué quedará de la presidencia de François Hollande? Hasta ahora, no mucho. Pero eso podría cambiar si Hollande continúa con la reforma del mercado laboral, opina Max Hoffmann.

François Hollande siempre asoció su devenir político con el número de parados en Francia, que desde hace tiempo es bastante alto. Los economistas coinciden en que el Gobierno tiene que cambiar el anquilosado mercado laboral.Y ahora, Hollande, el irresoluto eterno, trata de moverlo con una palanca sin contar con el apoyo de los sindicatos y sin los apoyos de su propio partido. Pero a pesar de eso, está haciendo lo correcto.

Para terminar, un signo de admiración

Como socialista, sus políticas deberían estar dirigidas al bien de la comunidad y no al de grupos de intereses individuales. Hoy en día, ser socialista ya no significa seguir los argumentos de algunos sindicatos de orientación comunista y proteger a los empleados de los pérfidos empresarios. Sobre todo, porque los sindicatos franceses solo representan al 8% de los empleados. Precisamente por eso, defienden solo intereses aislados y, aparte de gritar lemas arcaicos y quemar ruedas en las manifestaciones, no son capaces de ofrecer soluciones reales.

Maximilian Hoffmann, del estudio de DW en Bruselas.

Maximilian Hoffmann, del estudio de DW en Bruselas.

Ahora, el presidente tiene que crear el marco para que la economía francesa vuelva a crecer. Tiene que ofrecer perspectivas a los 3,5 millones de parados. Y para eso, es necesario relajar la legislación contra el despido. Solo entonces podrían volver a contratar las empresas. Pero aunque la ecuación esté clara, los presidentes franceses siempre fracasaron a la hora de actuar. Hollande también, y debido a que su presidencia fue terriblemente pobre en otros aspectos, tendría ahora la gran oportunidad de mostrar su firmeza y cerrar su mandato con un signo de admiración.

Última oportunidad

Aparentemente, eso es precisamente lo que pretende Hollande, que sacó de algún sitio el valor y la voluntad necesarios para impulsar la reforma sin el apoyo del Parlamento ni el de su propio partido. Una actitud que parecería antidemócrata y antisocial, pero que ante el bloqueo del consenso ejercido por los sindicatos y por el ala izquierda de su partido, sería para Hollande la última oportunidad.

Bien sea por pánico a quedarse fuera de la Historia, o por la esperanza errática de volver a ser elegido en 2017, el presidente parece decidido a utilizar esa oportunidad. Así no solo haría lo correcto, sino que, además, dejaría una herencia política, igual que lo hizo el canciller alemán Gerhard Schröder con sus reformas de la “Agenda 2010”. Schröder era un socialdemócrata, y en estos días sería un ejemplo a seguir para el presidente galo. Y aunque sea difícil de creer, parece que el irresoluto François Hollande tratará de acometer un proyecto realmente importante en los últimos metros de su legislatura.

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