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El Mundo

Opinión: Heridas abiertas de Nigeria un año después de Chibok

Hace un año que los terroristas de Boko Haram secuestraron a casi 300 alumnas en Chibok. Todavía no hay rastro de ellas. Y al parecer, tampoco lo habrá, opina Jan-Phillip Scholz.

Pocas semanas después de aquel 14 de abril de 2014, cuando los terroristas de Boko Haram secuestraron a 276 jóvenes en una escuela, me encontré con uno de sus padres. Me contó que aquella mañana había llevado a su hija a la escuela y ella se había despedido dando las gracias y esperando verlo pronto. Pero en el momento que hablé con él, el padre ya había pedido la esperanza de verla con vida.

Doble simbología de Chibok

¿Qué se le puede decir a un padre cuya esperanza ya ha muerto? No supe contestar a esa pregunta y aún ahora sigo sin saberlo. Quizás porque todos suponíamos que él tenía razón. Que todas las buenas palabras de apoyo y el optimismo no eran de verdad. Vista la incapacidad y la poca disposición de los militares nigerianos, ya se había perdido la esperanza en ellos. Y tampoco se podía confiar en el presidente Goodluck Jonathan, que ni siquiera se dignó a compartir el luto con los afectados.

Jan-Philipp Scholz

Jan-Philipp Scholz

Desde ese abril de 2014, Chibok se convirtió en un símbolo doble. Primero, un símbolo del fracaso del Estado nigeriano en su lucha contra los terroristas. Desde los acontecimientos de aquel año, 2.000 mujeres y jóvenes más fueron secuestradas por Boko Haram según un reciente estudio de Amnistía Internacional. Además, los terroristas también son responsables de, por lo menos, 300 nuevos ataques y asaltos a civiles. En total, cerca de 800.000 niños han tenido que emprender la huida según Unicef.

El destino de estos niños todavía no ha recabado la misma atención que las jóvenes de Chibock. Sin embargo, algo sí ha cambiado. Chibok fue también un símbolo del despertar de la opinión pública internacional y de la sociedad civil nigeriana. Desde los acontecimientos de abril de 2014, la crítica hacia la desconsiderada elite política de Nigeria es cada vez mayor. Incluso se podría interpretar la derrota del presidente Goodluck Jonathan como una consecuencia de Chibok, puesto que además de la corrupción, su fracaso contra los terroristas fue un tema decisivo en la campaña electoral nigeriana.

La lucha como motivo

Pero… ¿podrá mantener sus promesas Muhammadu Buhari, el nuevo presidente de Nigeria, de terminar con Boko Haram en seis meses? Parte del problema se solucionará automaticamente. Es un secreto a voces que la élite musulmana del norte del país apoyó financieramente a los terroristas para eliminar al presidente cristiano Jonathan. Ahora, un presidente de su región les acercaría a la fuente de los petrodólares nigerianos. Con el nuevo presidente, ya no tendrán que destinar estas partidas financieras a Boko Haram.

Aun así, el problema es más complejo. Muchos de los miles de jóvenes que luchan en el norte del lado de Boko Haram se unieron a los terroristas por una razón: por no tener nada que perder. Para muchos de ellos, la lucha, los ataques y las violaciones se han convertido ya en un fin en sí mismo.

Solución militar

Aunque suene duro, al final la lucha contra Boko Haram se decidirá por vía militar. Hay que debilitar a los terroristas para obligar a sus líderes a aceptar las ofertas de diálogo del nuevo Gobierno. Que el general Buhari tenga éxito o no, dependerá de su capacidad para disolver las corruptas y arraigadas estructuras, porque hasta ahora, parte del presupuesto nigeriano para defensa se perdía en los bolsillos de oficiales de alto rango. Para las estudiantes de Chivok, la solución llega demasiado tarde, pero no así para otros tantos miles de escolares del noreste de Nigeria, cuyo único objetivo es educarse y tener así una perspectiva en la vida, en una región que hace mucho que carece de ella.