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Política

Opinión: Greenpeace y Trump, un solo corazón

Con la publicación de documentos sobre el Tratado de Libre Comercio que negocian la UE y EE. UU., Greenpeace desató una gran polvareda, de la que se beneficia sobre todo la propia organización, opina Miodrag Soric.

Greenpeace se opuso desde un principio a las negociaciones del tratado Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP). Algo legítimo: para eso están los cabilderos. Lo que sorprende: una gran parte de la prensa y de los políticos en Alemania le cree. Pocos ponen en tela de juicio lo que dice Greenpeace. Las acusaciones son presentadas como hechos, se agita en lugar de informar.

Casi como Donald Trump. También Trump pone en escena sus pseudoverdades y se hace aplaudir. También Trump está contra el TTIP. Naturalmente, solo para proteger a los estadounidenses de la “mala” competencia extranjera. Y Trump afirma asimismo que todo el “establishment” está “comprado de alguna forma” por los grandes grupos económicos.

Datos y hechos

Pero repasemos algunos hechos. Los tratados internacionales se negocian siempre sin participación de la opinión pública. Nada tiene que ver con secretismo, como dice Greenpeace. Es simplemente una cuestión de practicabilidad. Si los políticos elegidos democráticamente no están de acuerdo con el resultado, siempre pueden votar en contra. Y debe renegociarse.

Interesante es que justamente en Alemania mucha gente esté contra el TTIP. Alemania es uno de los países que más se beneficia del libre comercio. Ramas económicas enteras viven de la exportación y dan empleo a miles de personas. Los fabricantes alemanes de automóviles gasta cientos de millones de euros para certificar sus motores y autopartes en Estados Unidos: una desventaja competitiva de la que se benefician sus competidores en Estados Unidos y Asia.

Nada es perfecto

Greenpeace afirma que su objetivo no es defender el nivel de vida y los ingresos, sino el medio ambiente. Olvida que la protección ambiental es en EE. UU. en parte más rigurosa que en la UE. Los automóviles diésel de Volkswagen, de los cuales circulan cientos de miles en las autopistas alemanas, están prohibidos en EE. UU. Ya sea en cuanto a productos lácteos, carne o aditivos en alimentos: las leyes estadounidenses son a menudo más rigurosas que las europeas.

Sin duda: el TTIP no va a ser un tratado perfecto. Tanto europeos como estadounidenses deberán realizar concesiones. Pero ambos se van a beneficiar. Por ejemplo, si caen barrenas aduaneras o las certificaciones son reconocidas mutuamente y cuando el cliente pueda decidir libremente si quiere comprar un producto norteamericano o uno europeo.

El texto en alemán: http://www.dw.com/de/kommentar-greenpeace-und-trump-hand-in-hand/a-19230756

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