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Europa

Opinión: Falsa agitación sobre supuesta estrategia nuclear de la UE

En Alemania, una supuesta estrategia nuclear de la Comisión Europea libera energías insospechadas. Bien mirado, se trata de un despilfarro de energía, opina Bernd Riegert.

La ministra alemana de Medio Ambiente exageró. De loca e irresponsable tildó Barbara Hendricks las supuestas ideas de la Comisión Europea para expandir la energía nuclear. También su colega de gabinete, el ministro de Economía Sigmar Gabriel, que se hallaba por casualidad en Bruselas, cayó aquí en la trampa. Rechazó bruscamente la reactivación −con el dinero de los contribuyentes europeos− de una tecnología destinada a desaparecer, y se dijo sorprendido por la propuesta de la Unión Europea (UE).

Ambos ministros están totalmente equivocados, mal informados, o simplemente quieren sacarle partido a un artículo en línea que se ha procurado unas horas de atención en Alemania. Pero es difícil tomar parte en esta reprimenda a Bruselas −que tal vez ha sido bien recibido por los alemanes−, porque los hechos simplemente no cuadran.

Bernd Riegert, corresponsal de DW en Bruselas.

Bernd Riegert, corresponsal de DW en Bruselas.

La Comisión Europea no ha elaborado ninguna estrategia, como sugiere la edición online de la revista Der Spiegel, sino que apenas presentó un documento base para el debate, que debía ser evaluado por expertos. Ese documento delinea posibles proyectos de investigación en el área de la tecnología nuclear, que –no obstante la anunciada retirada alemana− continúa representado un enorme mercado en todo el mundo. Y también en Europa se siguen construyendo centrales nucleares.

Si esto tiene sentido de cara a los altos costos de estas instalaciones es algo que deciden los operadores y los estados nacionales, no la Comisión Europea, o “esos allá en Bruselas”. La UE no tiene competencias en temas de energía. Así que también en ese sentido es falso el reproche de que la Comisión Europea planea encargar la construcción de nuevos reactores. Se puede dudar de la necesidad de financiar la investigación sobre nuevos tipos de reactores con recursos de los contribuyentes europeos, como recomienda el documento. Es algo que hay que discutir. Y de eso se trata, en toda regla, el supuestamente explosivo escrito. No presenta ninguna decisión, queridos y artificialmente agitados ministros.

El giro energético alemán, o sea, la completa retirada del uso de la energía nuclear y el desarrollo de energías renovables, es una excepcionalidad alemana, no una decisión europea. Así que los ministros alemanes no deberían sorprenderse si otros estados −como Francia, Reino Unido o Eslovaquia− quieren seguir discutiendo e investigando en torno a la energía nuclear. Tampoco se trata de una conspiración del resto de los estados europeos contra los de alguna manera impopulares alemanes. El juego está 14 a 14. Frente a los 14 Estados miembros que usan la energía nuclear, hay otros 14 que no la usan. Sin necesidad de una decisión proveniente de Bruselas. En otros Estados europeos hay también suficientes dudas sobre el giro alemán. Se observa atentamente cómo las empresas energéticas alemanas enfrentan apuros económicos provocados también por la transición energética. No es algo que necesariamente se quiera imitar.

La Comisión Europea publicó ya en abril el denominado informe "PINC" sobre la seguridad de las instalaciones atómicas en funcionamiento y la eliminación de residuos nucleares. Los ministros alemanes debieron haberse agitado más bien en torno a ese documento, en el que apenas se hallan nebulosas afirmaciones sobre la fiabilidad de todos los viejos reactores nucleares. No hay en él una estrategia concluyente. Allí se maquillan además, a la baja, los costos de la eliminación de nuestra herencia nuclear. Ese es el verdadero escándalo.

Para aprender alemán:

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puede usted leer la versión original de este artículo.

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