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Europa

Opinión: Europa hace el ridículo

El drama en torno a las deudas estatales de Grecia continúa. Zhang Danhong se pregunta cuánto tiempo más dejará la unión monetaria europea que Atenas le tome el pelo.

El gobierno griego ha logrado su objetivo: que se convocara una cumbre de la UE sobre el país heleno para analizar su oferta que, una vez más, entregó de último minuto. Con ello, volvió a ganar una semana de tiempo. Y el tiempo es dinero. Tan solo en la semana pasada, los griegos sacaron cerca de cinco mil millones de euros de sus cuentas bancarias para guardarlos en un lugar más seguro. En tanto, para evitar que los bancos griegos colapsen, el Banco Central Europeo (BCE) amplió el margen de los créditos de emergencia en aproximadamente 90 mil millones de euros.

Zhang Danhong, de la redacción de economía de DW.

Zhang Danhong, de la redacción de economía de DW.

En caso de que Grecia abandone el euro, el pago de los créditos recaerá en los demás países del bloque comunitario. En otras palabras: mientras más duren las negociaciones, más grande será el riesgo para los socios europeos de tener que asumir la responsabilidad de los créditos y, con ello, aumentará el poder de negociación del gobierno griego.

En los últimos meses, se han intensificado estas dos tendencias: por un lado, un país económicamente insignificante puede extorsionar a toda la unión monetaria; por otro, el jefe del BCE, Mario Draghi, carga a los países del euro cada vez con más riesgos.

Errores iniciales del euro

Este desarrollo se debe a errores de construcción del euro. A la unión monetaria le falta un carácter federal. Son países soberanos con una política fiscal y económica propia los que comparten la misma moneda. No existe un reglamento en caso de insolvencia ni para la salida del euro. En cambio se jura que el proyecto es irreversible. Una unión monetaria de ese tipo podría funcionar si es relativamente homogénea y si sus miembros comparten la misma actitud en materia de política fiscal y social.

Los primeros éxitos del euro provocaron una alegría desenfrenada. Si bien muchos políticos y economistas tuvieron un mal presentimiento con el ingreso de Grecia en la unión monetaria, todos pensaron que una economía tan pequeña no podría hacer tambalear a la zona euro.

Hoy día, sabemos que se equivocaron. Desde hace cinco años la miseria de la deuda helena es un dolor de muelas para la unión monetaria. Tampoco el nuevo gobierno de Alexis Tsipras tiene un plan para la recuperación de la economía griega. Clemens Fuest, presidente del Centro para la Investigación Económica Europea, tiene razón al sostener que Tsipras “solo tiene un plan para contratar a más funcionarios, nacionalizar empresas y dejar que paguen los ciudadanos de otros países”.

Realista en lugar de dogmático

En lugar de seguir negociando con Atenas, la élite política de la zona euro debería tomar en consideración anular el principio de irreversibilidad. Si los griegos abandonan la eurozona no será el principio del fin de la unión monetaria conjunta, ni tampoco Europa se va a derrumbar. Grecia seguiría siendo un miembro de la UE y, en un futuro, podría volver a ingresar en la unión monetaria, cuando el Estado haya sido modernizado y nuevamente se haya establecido la competitividad. Después de todo, otros nueve países de la UE tampoco tienen el euro.

Sin embargo, de momento no pareciera que la zona euro tenga el valor para ello. Y así, un país pequeño como Grecia seguirá extorsionando y paralizando a Europa.