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Europa

Opinión: En Europa nada se puede dar por sentado

Con sus exigencias de reformar la UE, el primer ministro británico, David Cameron, ha provocado un largo debate en Europa. Y Cameron tiene aliados en el continente, opina Christoph Hasselbach.

“Si no te gusta estar con nosotros, entonces vete”. Durante cierto tiempo ha estado de moda, entre europeos continentales, reaccionar con orgullo a las constantes quejas y demandas de Londres. Sin embargo, tales reacciones se escuchan cada vez menos. Los vientos en Europa han cambiado.

Hoy día, casi nadie aboga por una unión política más cercana. ¿Viajes sin fronteras y oportunidades de trabajo? Muchos países de la Unión Europea (UE) están reintroduciendo controles fronterizos. ¿Solidaridad con países cargados con deudas? Muchos ven el comportamiento del Gobierno griego como explotación de la generosidad europea. Aquellos tiempos eran otros: una era donde se perseguían metas nobles e idealistas. Eran los tiempos antes de la crisis financiera y, especialmente, de la crisis de refugiados.

Las posturas británicas resuenan en Alemania

En Alemania también se ha dado un viraje en la opinión pública respecto a las posturas del primer ministro británico David Cameron. Alemania ahora cuenta con una ministra socialdemócrata que busca limitar los beneficios sociales a extranjeros de otros países de la UE. Esta postura no difiere mucho de las exigencias de reforma más conflictivas de Cameron. Durante la crisis financiera, los alemanes se percataron de lo aislados que pueden quedar del resto de la UE cuando exigen competitividad y reformas. Sin los británicos, Alemania se habría visto desprovista de un aliado decisivo. Holanda, Suecia y Finlandia también estuvieron del lado alemán. Pero claro, estos países no ejercen la misma influencia que el Reino Unido. Y el aliado tradicional alemán, Francia, ha demostrado oponerse en los últimos años a reformas respaldadas por Alemania.

Asimismo, fuera de la UE, el Reino Unido es irremplazable: tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es una potencia nuclear, es un peso pesado militar y cuenta con una gruesa red de contactos internacionales. Londres es, sin lugar a dudas, el centro financiero más importante de Europa.

Christoph Hasselbach

Christoph Hasselbach, de la redacción de DW

Gran parte del continente parece creer que se puede convencer a los británicos, por simple interés económico, de votar en el referendo a favor de permanecer en la UE. Y ese no es el caso. La mayoría de británicos están contentos de haber conservado la libra esterlina; no tuvieron que ser parte de la crisis del euro y pudieron así continuar definiendo su política monetaria. Ahora, ven con gran alivio no ser parte del Acuerdo de Schengen, lo que les permite tener un mejor control sobre la inmigración. Los británicos pueden ver que hay vida más allá de las dos áreas principales de la UE, y que, en momentos, esa vida puede ser mejor.

La buena vida afuera de la UE y de Schengen

Las advertencias de la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y muchos otros, de que el destino de la UE depende de Schengen y del euro, ha significado la pérdida de la simpatía del público británico. Para ellos las advertencias suenan alarmistas y, peor aún, a intento de chantaje.

Nadie puede negar que la moneda común y el viaje sin fronteras en la zona Schengen sean grandes logros. Pero, si se quiere mantener al Reino Unido – y quizá en un futuro también otras naciones– dentro de la UE, no se puede depender de repetir trivialidades.

Durante demasiado tiempo, cuando se presentan dificultades, funcionarios en Bruselas han ofrecido soluciones que implican “más Europa”, lo que en tiempos más felices parecía satisfacer a la mayoría. Hoy la situación es otra: Cameron y el pueblo británico se han atrevido a someter los valores europeos a un mayor escrutinio, lo cual es saludable. El referendo aún no se ha celebrado y los miembros de la UE deberían estar discutiendo y decidiendo lo que quieren y es importante.

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