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Alemania

Opinión: ¿El Waterloo de Merkel?

Como consecuencia de la crisis de refugiados, la popularidad de Merkel cae en picada. Y es que en Alemania la “cultura de bienvenida” se ha convertido en una “cultura de la preocupación”, opina Kay-Alexander Scholz.

La canciller alemana, Angela Merkel, decidió por cuenta propia abrir las fronteras a los refugiados: no hubo ninguna resolución de la UE al respecto, no se consultó al Parlamento alemán ni mucho menos al pueblo germano. La canciller actuó precipitadamente – y, al principio, su decisión fue fuertemente aplaudida tanto en Alemania como en el resto del mundo. Sin embargo, el “efecto imán” que desató el paso de Merkel superó la capacidad de imaginación de muchas personas.

En la actualidad, algunos diputados cristianodemócratas del partido CDU incluso señalan que, tras las próximas elecciones, podría ser instalada una comisión que investigue los sucesos del verano de 2015, cuando la canciller anunció su política de fronteras abiertas.

El partido radical de derecha AfD y el liberal FDP podrían ser los impulsores de dicha comisión, puesto que, de acuerdo con las actuales encuestas, ambos partidos estarían nuevamente representados en el Parlamento alemán. Muchos saben que el proceder de Merkel puede ser impugnado legalmente. Hoy día, el partido cristianosocial CSU incluso amenaza con una demanda por anticonstitucionalidad.

Adiós a la “generación Merkel”

Actualmente, a un 70 por ciento de la población le preocupa el incesante flujo de refugiados. El estado de ánimo no había sido tan malo en los últimos diez años. Y puesto que para muchos la crisis de refugiados equivale a la “crisis de Merkel”, su popularidad ha alcanzado un nivel tan bajo que la mayoría de los alemanes ya no está satisfecho con el trabajo de la mandataria.

Kay-Alexander Scholz, corresponsal de DW en Berlín.

Kay-Alexander Scholz, corresponsal de DW en Berlín.

A esto se suma una componente psicológica: Merkel gobierna en Alemania desde hace diez años. Para el país fue una década buena. Hasta hace poco, algunos sociólogos incluso hablaban en tono alabador de la “generación Merkel”. Como consecuencia, en los últimos años las encuestas arrojaron resultados excelentes para la canciller.

Muchos sacuden la cabeza en señal de desaprobación y se quejan de que todo iba por buen camino. Alemania no contrajo nuevas deudas, obtuvo ingresos fiscales récord y tenía una baja tasa de desempleo. ¿Por qué estropear todo? Y es que cuando la mejor alumna de la clase fracasa, según opinan muchos, la decepción duele doblemente. De momento, las expresiones emocionales son en parte tan extremas, porque Alemania está percibiendo los síntomas de una desintoxicación de Merkel.

Preocupaciones por Europa

Europa es otro punto. La gran mayoría de los alemanes son europeos entusiastas. No obstante, ahora son testigos de cómo se empieza a agrietar la unidad europea, que tanto trabajo costó. El principio europeo de Merkel enfrenta un fuerte viento en contra. Muchos han perdido la fe en el plan de la canciller.

En algunos casos, esto va de la mano de una rabia silenciosa, que después se refleja en las encuestas. Otros, en cambio, expresan su ira en voz alta y se sienten representados por los populistas, así como por el movimiento xenófobo de Pegida. Y también están aquellos que temen que las fuerzas extremas pronto tomarán las riendas políticas en Europa.

¡Europa sumergida en la crisis por culpa de Merkel! Y eso que fue ella quien en el pasado sacó adelante a Europa. Una tragedia, dicen algunos. Como resultado, también ha caído dramáticamente la aprobación de la UE.

¿Qué sigue ahora? ¿Seguirá gobernando Merkel, dimitirá o será depuesta? De momento, no hay una respuesta. Sin embargo: Merkel ya sobrevivió políticamente un bajón en su popularidad, por ejemplo, tras la crisis financiera y durante la crisis griega. Además: la mayoría de la población aprueba las medidas que fueron acordadas recientemente en el marco del “paquete de asilo II”.

Todo depende de cuándo empezará a disminuir el número de refugiados que entra al país. Imposible imaginarse qué es lo que pasaría si, además, Alemania se convirtiera en víctima de un ataque terrorista. De seguro, muchas personas también le echarían la culpa a Angela Merkel.

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