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Política

Opinión: el referéndum turco debe sacudir a Alemania

Más del 60 por ciento de los turco-alemanes votaron a favor del "SI" en la consulta impulsada por Erdogan. Esto obliga a un país de inmigrantes como Alemania a un debate interno, opina Ines Pohl.

No, a este resultado no se llegó de manera legal. Aquel que detiene opositores, que prohíbe sus actos de campaña y que silencia al periodismo no puede afirmar que es legitimado democráticamente.

Recep Tayyip Erdogan se comporta exactamente así en Turquía, pero -según cifras oficiales- ganó por un estrecho margen en el referéndum que consultaba si Turquía debe convertir su sistema en uno presidencialista o no. Pero este resultado no es el producto de un proceso en el que se hayan podido expresar todas las opiniones libremente, sino que se trató de la apropiación por la fuerza de un estado democrático.

Información libre en Alemania

En Alemania, la situación es diferente. Los aproximadamente 1,5 millones de ciudadanos turcos habilitados para votar que viven aquí pudieron informarse libremente. Hubo actos de campaña de los principales partidos. La libertad de expresión fue total. Los hombres y las mujeres no tuvieron que preocuparse de ir a la cárcel cuando criticaban al futuro autócrata.

Ines Pohl (DW/P. Böll)

Ines Pohl, jefa de redacción de DW

Y sin embargo más del 63 por ciento de los que votaron en Alemania lo hicieron a favor de la enmienda constitucional de Erdogan. En términos absolutos, son alrededor de 450 000 personas.

Estas cifras deben sacudir a Alemania. Tampoco ayuda que sólo el 50 por ciento fuera a votar. En otros países, como Austria por ejemplo, la aprobación de la propuesta de Erdogan fue aún mayor. Si tanta gente que vive en Alemania apoya a un hombre que quiere restablecer la pena de muerte, significa que algo –entre tantos logros– no funcionó bien la política de integración.

Para llegar a conclusiones correctas, Alemania debe ser honesta consigo misma. Tanto las fuerzas políticas como la sociedad civil tienen que admitir sus errores. Esto no está exento de riesgos en este año electoral. Porque el debate populista sobre la doble nacionalidad y las fantasías respecto a las expulsiones no conducen a ninguna parte y terminan siendo funcionales a la AfD.

El debate sobre el ingreso de Turquía a la UE

Alemania no podrá contar con un apoyo muy constructivo de parte de Bruselas. Las declaraciones del día después y las amenazas de romper las negociaciones sobre el ingreso de Turquía a la UE son tan frágiles como ridículas. Por el contrario, en este año movido muchos turcos no se toman en serio las declaraciones y consideran que Erdogan adoptó claras posiciones antiUE para demostrar poder y fuerza.

La UE debe tomar una decisión clara aquí. Si no se desea a Turquía como miembro de pleno derecho, debe decirlo sinceramente y entonces buscar otras formas de cooperación.

Económicamente hablando, Turquía necesita a Europa. Erdogan lo sabe. Sus éxitos los logró porque fue económicamente exitoso. Pero su estrella caerá rápidamente si la recesión continúa. Hoy la inflación está por encima del once por ciento y la tasa de desempleo es del 13 por ciento, su punto más alto en siete años.

Los turco-alemanes deben ayudar

Solo Alemania podrá resolver internamente los problemas con los seguidores de Erdogan en el país. Se trata de aceptar finalmente que es un país de inmigración y de estar confiados ante esta situación.

Se trata de tener un claro compromiso con la constitución democrática: quien vive en Alemania debe aceptar que el matrimonio infantil está prohibido y que los asesinatos en nombre del honor son un crimen. Que sus derechos son iguales a los de los homosexuales y las mujeres. Que ante todo está ley y que eso no es negociable.

Los populistas necesitan de la inseguridad para ser exitosos. Deben avivar los temores para después poderse mostrar como los únicos salvadores. En esta campaña nadie se puede relajar porque, en estos tiempos de sociedades excitadas, ganará el más ruidoso. Por eso la pregunta es si esos tres millones de turcos o bien no tienen más pasaporte turco o si están claramente en contra del curso antidemocrático de Erdogan.

Ellos serán utilizados como constructores de puentes entre la comunidad turca y la comunidad mayoritariamente alemana. Hace falta un análisis objetivo que explique cómo fue posible que tantos turco-alemanes se hayan dejado seducir y que identifique también lo que salió bien en las últimas décadas para que sirva de modelo.

 

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