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El Mundo

Opinión: El fracaso de Rubio

Su carrera política ha terminado por ahora. Marco Rubio se había rebajado al nivel de su rival republicano Donald Trump. Un gran error, dice Miodrag Soric.

Su voz suena opaca y áspera. Además está pálido. Cuando las luces lo enfocan, se le notan las ojeras. La sonrisa impostada apenas le cubre la tristeza en la cara. Marco Rubio lo dio todo, pero no fue suficiente. El joven senador perdió las primarias en Florida, su estado natal, y una vez más ha triunfado el multimillonario Donald Trump. Esto es para Rubio una trágica derrota. No sólo deberá enterrar sus ambiciones presidenciales. Probablemente, esta debacle signifique el fin de su carrera política, por lo menos en los próximos dos o tres años.

¿En qué fracasó?

En primer lugar, consigo mismo. Rubio veía como la presencia de Donald Trump dominaba en los medios, pese a los insultos a sus oponentes políticos. Entonces, el senador de 44 años debe haber pensado: “Yo también puedo hacer eso”. Así, inició al mismo estilo sus golpes bajos contra Trump. Rubio se convirtió en el “anti-Trump”. Era previsible que esto no tendría éxito. El electorado prefería al verdadero gritón Trump, que a la copia Rubio.

Fue un error rebajarse al nivel de Trump. Rubio perdió tiempo criticando a Trump, en lugar de apostar por sus propias virtudes: experiencias en la política exterior y de defensa, ideas acerca de cómo la política de inmigración realmente podría funcionar. Los ataques de Rubio contra Trump parecían actos de desesperación. "Esa no es la imagen de un futuro presidente", pensaron entonces muchos votantes. Y se negaron a seguirlo.

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Soric Miodrag, director del estudio de DW en Washington

A Rubio le faltaban argumentos que hicieran entrar en razón a los estadounidenses. En sus discursos, hablaba de la visión de una “economía del siglo 21", que él quería construir. ¿Qué quiere decir con eso?, se deben haber preguntado muchos. En cambio, las posiciones de Trump son claras: construir un muro para no permitir que los inmigrantes ilegales lleguen a los EE. UU.; instalar barreras arancelarias para proteger su propio mercado. Estas son posturas evidentes y comprensibles, si bien no se trata de verdaderas soluciones.

Rubio fracasó por el dinero. Los financistas del Partido Republicano le dieron demasiado tarde los fondos para la construcción de su artillería de campaña. El “establishment” del partido volteó a mirar a Rubio cuando Jeb Bush abandonó la carrera. Este último tenía, ciertamente, una caja bien llena para el combate. Pero con su amarga sonrisa parecía como si tuviera que pedir disculpas a los votantes por su candidatura. Bush nunca le perdonó a Rubio que este cortejara a los mismos votantes para también llegar a la Casa Blanca. Incluso en los últimos días, el clan Bush, con gran influencia en Florida, le había negado su apoyo político, a pesar de que Rubio muchas veces se lo pidió. Así pues, la política puede ser implacable, especialmente en los EE. UU.

El fracaso de Rubio tendrá consecuencias. Trump dio un paso importante en su objetivo de representar al Partido Republicano, y cada vez está más cerca. El “establishment” del partido está perplejo y desesperado. Los republicanos moderados tienen ahora la esperanza de que tal vez el gobernador de Ohio, John Kasich, pueda parar a Trump. Pero Trump comienza a atacarlo.

Para los demócratas, la contienda fue menos emocionante. Clinton sigue siendo la candidata favorita. Sin embargo, el senador de Vermont, Bernie Sanders, no se dará por vencido tan fácilmente. Su objetivo no es la presidencia. Él quiere obligar a su competidora a recoger sus propuestas: una mayor regulación de Wall Street, más dinero para la educación y la infraestructura, un claro "no" a los acuerdos comerciales libres TTP y TTIP. Al menos, algunos de estos temas tendrá que asumir Clinton entre sus objetivos políticos. De lo contrario, Sanders y sus seguidores se negarán a apoyar su candidatura. Y Trump será presidente. Dios no lo permita.

Para aprender: aquí puede Usted leer la versión original de este artículo en alemán.


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