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Alemania

Opinión: el deporte es usted mismo

El 2015 no deja mucho positivo en el rubro deporte. Corrupción, dopaje, la crisis de la FIFA, el deterioro de la imagen del Mundial 2006. Lo único que queda es hacerlo mejor uno mismo, opina Tobias Oelmaier.

¡Qué manera de acabar deportivamente este 2015! Blatter, el presidente de la FIFA, y Platini, director de la UEFA, suspendidos por ocho años. La Comisión de Ética de la FIFA no ha podido comprobar que haya sido un caso de corrupción, pero el pago de dos millones de Blatter a Platini es lo bastante turbio como para inhabilitar al controvertido directivo, y a su potencial sucesor. Las muchas sospechas en torno a la designación de Qatar como sede del Mundial 2022, al parecer, no tienen fundamento legal.

El acta de Blatter ha sido la más pesada de todas el espectro de malas noticias del mundo del deporte en este año. Y todavía no ha sido cerrada. Blatter ha anunciado que recurrirá la suspensión ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS).

Cada vez son más los casos que se resuelven en los tribunales. La Fiscalía tiene en manos el caso del escándalo por la presunta compra del Mundial 2006, por el cual el Niersbach, presidente de la DFB (Federación de Fútbol Alemán), tuvo que dejar su silla. Incluso el mismo Beckenbauer, la estrella del fútbol, ha perdido mucho de su brillo.

Atletas rusos no podrán participar en los Juegos Olímpicos de Río pues un reportaje de la televisión alemana ha destapado su sistemático dopaje, el encubrimiento sistemático y el soborno también sistemático de funcionarios de la IAAF. No hay que olvidar que, después de mucho tira y afloja, en Alemania se aprobó la ley anti dopaje que penaliza la manipulación ilegal del rendimiento deportivo y, sobre todo, su fomento y promoción.

¡Basta!

Mucha gente está harta de tanta corrupción en el mundo deportivo. En noviembre, los ciudadanos se decidieron en contra de que Hamburgo fuera candidata para organizar para los Juegos Olímpicos. Lo mismo habían hecho los ciudadanos de Múnich y de Garmish cuando se trató de los Juegos de Invierno 2022. Ahora se harán en Pekín. La alternativa hubiese sido Almaty en Kazajistán.

El 2015 ha descubierto muchas dolorosas verdades, ha dejado numerosas decepciones en el mundo del deporte. También para aquellos que siempre han creído que el bien existe. Schalke 04 vendió a su ídolo Julian Draxler a los nuevos ricos de Wolfsburg. El todavía entrenador Guardiola expulsó del club no sólo a Müller-Wohlfahrt –el médico de toda la vida- , sino también a Bastian Schweinsteiger, el jugador con quien más se identificaban los muniqueses. Además, ¿quién podía imaginar hasta hace poco a un Borussia Dortmund sin un Jürgen Klopp gesticulando desde la línea de banda?

Cambiar es imperativo

¿Cuántos golpes más puede soportar la afición? ¿Cuánto tiempo más acudirán a llenar estadios? ¿Perderán los medios, la política, los mismos ciudadanos el interés en un deporte que sobrestiman y al que, a veces, endilgan tareas que no puede cumplir? Lógico sí que sería.

Por eso, lo único que nos queda es un cambio de comportamiento. El deporte organizado debe acompañar sus discursos de hechos y trabajar por recobrar credibilidad y transparencia.

Pero como este deseo será eso, sólo un deseo debemos empezar nosotros. No proyectar nuestros sueños sobre los profesionales sino ponernos metas que podamos realizar nosotros mismos. Es decir, practicar nosotros mismos deporte limpia y honestamente, en vez de mirar cómo ellos, nuestros ídolos, hacen lo contrario.

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