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Alemania

Opinión: “¡Diga que no, Gabriel!”

¿Qué político socialdemócrata competirá con la democristiana Angela Merkel por la jefatura del Gobierno alemán? Esa incógnita sigue sin ser despejada. Felix Steiner opina sobre el hipotético candidato en esta carta.

Sigmar Gabriel and Anke Stadler (Getty Images/F. Seefried)

El presidente del SPD y su esposa, Anke Stadler.

Querido Sigmar Gabriel:

A estas alturas, esta carta ya perdió sentido. Corre el rumor de que ya se decidió quién aspirará a la jefatura del Gobierno alemán en representación de los socialdemócratas. Así lo dijo su correligionaria Hannelore Kraft, máxima autoridad del Estado federado de Renania del Norte-Westfalia, aunque no dio el nombre de la persona que asumirá ese desafío. Así es el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) a ratos: enigmático.

Yo nunca en mi vida he votado por el SPD. A pesar de eso, hoy me dirijo a usted porque, por otro lado, también la candidatura de Angela Merkel está siendo exigida y celebrada principalmente por gente que nunca respaldó a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en las urnas. Aunque en las filas de ese partido se calla sobre el asunto, en las próximas semanas seremos testigos de un maratón de aplausos de por lo menos diez minutos en el congreso de la formación conservadora, que se realizará en Essen. Eso puede causar extrañeza, pero nadie sabe mejor que usted cuán diferentes pueden llegar a ser las opiniones de los funcionarios y miembros de un mismo partido.

Steiner Felix Kommentarbild App

Felix Steiner, comentarista de DW.

¿Por qué un candidato del SPD?

Así que el SPD necesita un candidato a canciller… ¿Por qué? La Constitución alemana no contempla una posición como esa. Ese cargo es, más bien, una invención del SPD que data del año 1961, cuando Willy Brandt se propuso ser canciller por primera vez. Lo que ocurre es que los alemanes se han acostumbrado a la idea de que contar con un candidato a canciller es un derecho. De ahí que quepa describir como un autogol el hecho de que justamente el SPD dirigido por usted fracase a la hora de escoger y presentar a un candidato a canciller por las vías regulares, o de obligar a sus dirigentes a mantener la boca cerrada. Pero ese es otro problema.

En 1961 el mundo era muy distinto. En el Bundestag estaban representados tres partidos y su SPD obtuvo el 36 por ciento de los votos. Hoy día, el partido bajo su mando está muy lejos de aquel índice de popularidad y, por como van las cosas, terminará siendo apenas una de seis fracciones parlamentarias. De ahí que para su partido sólo haya dos opciones a la mano para tomar las riendas del Gobierno: continuar siendo socio minoritario de una alianza con las hermanas conservadoras CDU y CSU (Unión Social Cristiana de Baviera), liderada por Angela Merkel, o convertirse en cabecilla de una pintoresca coalición de, por lo menos, dos partidos menores. De presentarse este último caso, los alemanes deberán prepararse para largas y complicadas negociaciones. Cualquier compromiso apresurado sería perjudicial. Dada esta situación, ¿necesita el SPD despejar tan pronto la incógnita en torno a su candidato a canciller?

No se deje llevar por los artículos de opinión según los cuales usted debe aclarar este asunto lo antes posible; no le haga caso a quienes dicen que si usted no lo hace, será su propia posición como presidente del SPD la que estará en juego. Esas son patrañas. Si usted es controvertido en el cargo que ocupa es porque nadie sabe qué valores defiende el SPD y de qué serviría votar por ese partido. ¡Ese sí que es su problema!

Vicecanciller a pesar de todo

¿Acaso usted se vio perjudicado cuando renunció a la candidatura del SPD en las elecciones de 2013? ¡No! Fue Peer Steinbrück quien quedó mal, como un candidato sin suerte, mientras usted se erigía en vicecanciller de Alemania y presidente de los socialdemócratas. Ahora le recomiendo que le permita a Martin Schulz lanzarse como candidato a canciller, si es eso lo que él quiere. Deje usted que sea él quien salte de una tarima a otra, y que se le desgarre la garganta dando discursos. Schulz puede hacerlo; eso quedó demostrado durante la campaña para las elecciones europeas.

En cambio, usted, señor Gabriel, tiene una tarea mucho más grande: ¡usted volverá a ser papá en marzo! Y por eso le digo, como esposo y padre de familia: usted ya se ausenta bastante de casa siendo ministro y presidente de partido. En los meses venideros, su esposa lo va a necesitar más que de costumbre. Su presencia será particularmente importante para su pequeña hija, quien deberá aprender que ahora hay otra personita necesitando de la atención materna. Asumir otra carga laboral precisamente en momentos como este, sólo para lucirse como candidato a canciller, a pesar de que no tiene chance alguno de ganar… eso es algo de lo que usted se arrepentiría en cuestión de pocos años.

Por todo esto, yo lo insto a dejar que Martin Schulz haga el trabajo. Y si lo hace, no diga que lo hace porque Schulz es más popular que usted. No, sea honesto y reconozca que, en este instante, la familia es lo más importante para usted. Demuestre que lo de los nuevos padres y las responsabilidades domésticas compartidas por hombres y mujeres es un discurso serio y que también el presidente del SPD vive esa realidad en carne propia. Sí, está claro que, para alguien como usted, eso es pura política simbólica. Pero, después de todo, ¿no es lo simbólico una parte importante de la política? Devuélvale al SPD aquello que más le hace falta desde hace años: un poco de credibilidad. La credibilidad es un factor determinante para los electores indecisos. En ese sentido, sea usted valiente: ¡diga que no, Gabriel!

Autor: Felix Steiner

Usted puede leer la versión original de este comentario en alemán.

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