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Deportes

Opinión: cualquiera puede ser seleccionador

Críticas tras la derrota contra Inglaterra, alabanzas tras ganarle a Italia... el fútbol alemán parece tocar los extremos. Un trabajo nada fácil en un país donde hay millones de seleccionadores.

Seamos sinceros. Al igual que la cerveza, las salchichas o las tiendas biológicas, criticar a la selección es parte intrínseca del ADN de Alemania. Desde los jóvenes, que creen que Cristiano Ronaldo es mucho más cool que Müller, hasta el jubilado, que se limita a decir que la defensa ante Inglaterra fue un desastre, todo aficionado ha deseado alguna vez mandar al seleccionador a otro planeta, ha criticado la alineación o incluso insultado a los vagos millonarios que corren por el césped. Es decir, cualquiera tiene alma de entrenador.

Si criticar al tetracampeón está en el ADN de la nación, también la prensa contribuye lo suyo. “¡Socorro! Miedo para la Eurocopa” o “Löw, la defensa que cayó en Berlín” fueron algunos de los titulares tras la derrota contra Inglaterra del sábado. Una tormenta tras una derrota en casa ante el temor de caer humillados en Francia con esa defensa.

Sin embargo, tampoco debería ser para tanto ¿No es cierto señoras y señores entrenadores? Puede que el once nacional no esté en el estado de forma con el que ganó el Mundial, pero todos los que conocen el deporte de alto rendimiento saben que no se puede estar siempre al 100% y que al final cuenta rendir al máximo en la cumbre de la temporada. Los jugadores están en su mejor momento con su equipo, y tras una pausa de cuatro meses con la selección no pueden estar perfectamente para torneos. A pesar de eso, aunque faltasen figuras, se reorganizase la defensa, y se tuviese que enseñar a jugadores inexpertos, el 4:1 contra Italia muestra el potencial del equipo después de entrenar un par de días juntos. Una selección alemana que en todos sus partidos ofrece un fútbol creativo, de alto nivel y, por regla general, exitoso.

Pese al éxito en el Mundial de Brasil, Joachim Löw está siempre en el punto de mira. Pero hay que valorar que sepa llevar esa crítica con calma y sepa proteger a su equipo. Especialmente, cuando sus jugadores pasan por malos momentos con su club o con los aficionados. Su paciencia y confianza con Mario Götze, titular en el banquillo del Bayern, mereció la pena y en el partido contra Italia volvió a repetir la hazaña a pequeña escala.

Además, la selección está ahora más expuesta que nunca con la estrella de campeón en el pecho y la posibilidad de ser campeón de Europa. Las expectativas son enormes y el margen de tolerancia para los fallos es prácticamente cero. Como se vio tras el partido contra Inglaterra, cualquier titubeo se diseccionará, criticará y dramatizará. Sobre todo, teniendo en cuenta que en Alemania hay millones de entrenadores. Un trabajo que, quizás por eso, no pueda hacer cualquiera.

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