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El Mundo

Opinión: Compromiso religioso y llamados políticos

El encuentro en La Habana entre Francisco, máxima autoridad de la Iglesia católica, y Cirilo I, patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, escribe una nueva página en la historia del cristianismo, opina Christoph Strack.

La cita del papa Francisco, máxima autoridad de la Iglesia católica, con Cirilo I, patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, ya había sido descrita como un “encuentro histórico” antes de que la reunión de más de tres horas se consumara. Y, ciertamente, a pesar de ocasionales puntos débiles y de formulaciones algo generales, en la “declaración conjunta” articulada en treinta puntos se pueden inferir nuevas perspectivas en las relaciones entre ambas iglesias.

Christoph Strack, comentarista de Deutsche Welle.

Christoph Strack, comentarista de Deutsche Welle.

Apartando algunos aspectos religiosos, el documento se ocupa de tres conflictos políticos actuales. En primer lugar, la dramática situación de los cristianos y otras minorías religiosas en el Cercano Oriente y el norte de África. Ambos líderes religiosos hacen un llamado a la comunidad internacional para “unirse con el fin de acabar con la violencia y el terrorismo” y piden “ayuda humanitaria masiva para los pueblos más afectados y para los refugiados”. Se había anunciado con antelación y se esperaba que el tema del Cercano Oriente fuera ampliamente tratado.

También se esperaba que Francisco y Cirilo I se pronunciaran sobre el significado del matrimonio y la familia. Eso se temían quienes critican al patriarca ortodoxo por discriminar a los homosexuales. En el segundo párrafo del documento se lee la estricta consideración sobre matrimonio y la familia y el lamento por su equiparación a “otras formas de convivencia”. Ni una sola palabra sobre el aparente respeto silencioso que Francisco guarda hacia este asunto. Ahí se ha impuesto la línea que sigue Moscú. Por su parte, el pontífice vaticano logró incorporar un par de líneas sobre la amenaza climática y la injusticia del sistema de relaciones internacionales.

Lo que más sorprende es lo que dicen sobre la situación en Ucrania. Y ahí no hacen diferencias entre Ucrania, el este de ese país y Crimea: es un conflicto que ha llevado a “la sociedad a una grave crisis económica y humanitaria”. Y ambos advierten a la Iglesia en Ucrania de que no debe apoyar el desarrollo del conflicto. Pero ocurre con este asunto lo mismo que con la reciente escalada de violencia en Siria: no se mencionan posibles responsabilidades políticas ni el papel de Rusia. Esto conduce en que, al final, cada uno pueda interpretar del texto lo que le interese.

Y, sin embargo, el documento destaca por su concreción. Y por sus directivas básicas sobre el ecumenismo, la coexistencia entre iglesias. “El mundo espera de nosotros no sólo palabras, sino también hechos concretos”, dice el texto. Ya no existe el odio que había en algunos documentos de décadas anteriores de la Iglesia ortodoxa. Ahora se apela al diálogo interreligioso y a un espíritu conciliador hacia las creencias de otras tradiciones.

En los días anteriores al encuentro, cundieron en Moscú rumores y también cierta esperanza de que la reunión de Cirilo I con Francisco reforzara la posición del patriarca ruso en el paisaje eclesiástico ortodoxo, concretamente en relación con el patriarca ecuménico de los ortodoxos, el griego Bartolomé. Pero, en ese sentido, Bartolomé, un magnífico teólogo, puede estar tranquilo. A sus 75 años, envió un mensaje de Twitter durante el encuentro entre los dos líderes religiosos: “Rezo por mis dos hermanos cristianos, Francisco y Cirilo I. El diálogo de mi predecesor, Atenágoras, con Pablo VI, en 1964, fue fructífero”. ¿Se producirá una nueva reunión entre ambos? Si así ocurriera, después del largo camino recorrido y la historia de desencuentros entre ambas Iglesias, ambas autoridades religiosas se dispensarían al menos un saludo algo más familiar.