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Europa

Opinión: Cambio de sentido en Grecia

El Gobierno griego está por entregar lista de reformas a los acreedores para ampliar el programa de ayuda. Luego tendrá que llevarlas a la práctica, cree Christoph Hasselbach.

Hasta ahora, el Gobierno griego solo ha hecho algunos anuncios. Luchar contra el fraude fiscal, la corrupción y por una administración eficiente suena bien, sobre todo porque es lo que se espera después de la victoria de Tsipras. Pero lo que Atenas realmente haga y el dinero que aportará al Estado griego se verá en las próximas semanas. Por eso, es demasiado pronto para hablar de un cambio en la crisis. Los inversores desconfían después de ver como reaccionaron el presidente Alexis Tsipras y el ministro de Finanzas Yanis Varoufakis tras su victoria electoral. Actuaron en varias capitales europeas como si fueran los que reclamaban y como si los griegos fueran víctimas de Europa y, especialmente, de la caballería alemana.

Victoria de Tsipras

Ahora, por lo menos retóricamente, viene el cambio de agujas. Atenas quiere cumplir con los requisitos. En el escenario europeo, se interpreta realmente como un cambio de postura. Tsipras terminó una obra de arte que venderá a sus ciudadanos como una victoria. Para el resto de Europa, es una molestia. Pero en principio, es deseable el apoyo de Grecia. Tsipras anuncia el final de la Troika, del programa y de la “política de austeridad”. Si así lo prefieren los griegos, puede buscar tranquilamente otras denominaciones mientras mantengan la sustancia en cuanto a reformas y ahorro. También puede hacer como si hubiese ganado más espacio en política social y más soberanía, mientras aumente el apoyo en Grecia. Sobre todo, para que la izquierda griega acepte mejor las malas noticias.

Estas malas noticias llegarán pronto. Muchos de los cambios necesarios están por hacer. Si no, Grecia nunca volverá a ser competitiva. Al parecer, muchos griegos creen que los extranjeros quieren atormentar a Grecia con las reformas, pero el país necesita hacer cambios por propia voluntad. Otros, como los países bálticos, aprobaron las reformas y medidas de ahorro por iniciativa propia y hoy son figuras sólidas. Si Grecia lo hubiese hecho a tiempo, no habría necesitado un paquete de rescate. Pero los políticos griegos cerraron los ojos y repartieron regalos electorales como si nunca fuese a llegar la factura.

¿Ahora justicia fiscal?

Al principio, Tsipras quiso ambas cosas. Dejar que los confiados siguiesen contando alegremente, pero sin poner condiciones. Podría haberse dirigido a otros inversores como Rusia. Pero si no fuese porque los inversores europeos tuvieron que rechazar esos intentos de presión, Grecia se habría sometido por toda la eternidad al dinero de otros. Tsipras ha hablado mucho del orgullo y del honor del pueblo griego, pero el orgullo hubiese sido haberse ayudado a sí mismo. Ahora, Tsipras quiere hacer lo que se espera de todo Gobierno. En especial de uno dominado por la izquierda. Quiere que los ricos sean las víctimas fiscales que asistan a su arruinado país y a sus sufridos conciudadanos. ¿Era necesario ir a pelearse a Bruselas para llegar a esa conclusión?

Ante los acreedores tiene las puertas abiertas. Nadie tiene prejuicios ideológicos contra la mejora de la justicia griega. Pero en materias como “reformar la administración”, uno se pregunta porqué no se hizo antes. Desde hace años, hay programas de ayudas y ni siquiera hay una oficina de catastro. ¿Cómo es posible? ¿Qué hicieron los inspectores durante este tiempo? Parece que la UE cerró los ojos o calló por miedo a la mala prensa. Pero a veces, no se puede negar la realidad. Tsipras dijo en campaña que quería romper los contratos de crédito. Ahora infunde ánimo a su gente para un largo camino porque “las dificultades están aún por venir”. Solo un par de semanas separan ambas posiciones. Todos los que creyeron en Europa que podrían salir de la crisis en España, Italia o Francia sin esfuerzo, deberían estudiar este rápido cambio de Tsipras. Una salida así no existe.