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Alemania

Opinión: Atacantes potenciales, un peligro difícil de reconocer

¿Cuándo se califica a alguien de "peligro potencial para la sociedad"? ¿Cómo se lo reconoce? Jens Thurau pide que el ataque con cuchillo en Hamburgo se deje fuera de la campaña electoral.

El alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, coloca flores en homenaje a las víctimas del ataque en esa ciudad. (29.07.2017).

El alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, coloca flores en homenaje a las víctimas del ataque en esa ciudad. (29.07.2017).

Un palestino de 26 años, al que se denegó una solicitud de asilo,acuchilló a un hombre e hirió a otras seis personas de gravedad el 28.07.2017 en un supermercado de Hamburgo. Eligió a sus víctimas al azar y no llevaba un cuchillo, ya que el que usó era uno de los que se venden en el supermercado. Un crimen terrible.

Ahora se descubrió que las autoridades sabían desde hace mucho tiempo que esta persona sufre de una enfermedad psíquica, y, además, que se radicalizó en los últimos meses. La Oficina de Protección a la Constitución lo tenía en la mira. Sin embargo, no se lo consideraba peligroso porque, evidentemente, no tiene contactos con la escena islamista e incluso cooperaba con las autoridades, que, como siempre, trataron denodadamente de reunir los documentos necesarios para deportarlo. En la oficina de extranjería se lo calificó de "abierto" y "amable", aunque también un poco angustiado. Debería habérselo derivado al servicio psiquiátrico social, pero no se pudo llegar a hacerlo. Ya en abril de 2015, hace 15 meses, surgieron los primeros indicios de radicalización, y no fue sino hasta finales de agosto de ese mismo año que la Oficina de Protección a la Constitución se enteró de eso. Pero pasó un año sin que sucediera nada. Y, finalmente, el hombre atacó a varias personas en un supermercado. Todo eso es difícil de soportar.

El problema es la evaluación de la persona

Jens Thurau, de DW.

Jens Thurau, de DW.

A nivel nacional se han creado recientemente instrumentos para poder actuar más eficientemente ante este tipo de peligros. El sábado, un día después del acto sangriento (una sucesión también difícil de aceptar) entró en vigor la ley según la cual las personas potencialmente peligrosas pueden ser deportadas más rápidamente o permanecer detenidas en espera de la expulsión durante un tiempo más largo. Pero, ¿de qué sirve todo eso si se evalúa de manera incorrecta a esa persona, si la práctica de la deportación en los estados federados se maneja de manera tan distinta y si demora una eternidad hasta que llegan los documentos de los países de origen? Tratar de cambiar algo, sobre todo en este último punto, es un proceso infinitamente largo. Al menos, ahora es posible llevar a cabo la deportación aunque falten papeles.

No quisiera estar en la piel de quienes tienen que decidir, día tras día, si alguien representa o no una amenaza para la sociedad. Pero algo queda claro: los atacantes potenciales son, por lo general, hombres de entre 17 y 30 años cuyo deseo de recibir asilo fue rechazado, en la mayoría de los casos, y que después de eso cometen un crimen. En Ansbach, en Friburgo, en Wurzburgo, en Berlín, y ahora en Hamburgo. Pero también es cierto lo que dijo el ministro del Interior de Baja Sajonia: si no hay indicios de que una persona sea peligrosa tampoco se la puede detener ni encarcelar, ya que en Alemania rige la presunción de inocencia.

Por lo que abogo es por dejar el tema del peligro potencial que representan los islamistas fuera del candente debate político alemán, sobre todo durante la campaña electoral previa a las elecciones generales de septiembre. La política ha reaccionado, y expertos de casi todos los partidos en el Parlamento han contribuido a ello. Evidentemente, el problema es la falta claridad para actuar. Hay confusión en cuanto a las diferentes atribuciones, y la cooperación de las autoridades es lenta. A menudo falta la sensibilidad como para entender que todos estos hechos siguen un patrón determinado y que se requiere un alto de grado de atención.

Respaldo de la esfera política

Y no estaría mal si todos los implicados se dieran cuenta de cuán complejo puede ser cada caso individual. En el caso del atacante de Hamburgo es evidente que hay indicios de que sus actos fueron guiados por una especie de locura homicida, que estaba bajo una enorme presión psíquica y que el islamismo podría ser solo una excusa. Nótese: podría. Eso no le quita gravedad a su crimen. Pero se hace claro lo difícil que es la tarea de las autoridades de diferenciar entre aquellas personas que representan un verdadero peligro y las que solo dicen serlo. Lo que ahora sería de desear es que se esclarezcan los hechos sin gritos de campaña. Y que se logre un respaldo general de la política a las autoridades, en lugar de que haya de inmediato acusaciones mutuas entre los partidos.

Autor: Jens Thurau (CP/ ERS)

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