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Europa

Opinión: Amenazas vacías

El plan actual de la UE consiste en proteger sus fronteras exteriores y, si fuera necesario, echar a Grecia. No solo del euro, sino de la zona Schengen. Esto no solucionará la crisis de refugiados, opina Bernd Riegert.

Schild Schengen Ortsausgang

En el pueblo luxemburgués de Schengen se firmó el famoso acuerdo en 1985.

Las fronteras exteriores de la Unión Europea tienen que estar mejor protegidas. Esta frase la hemos escuchado una y otra vez de labios de muchos políticos en Europa. Incluso los ministros del Interior de la UE en su reunión informal en Amsterdam no se cansan de usarla. Pero, ¿qué significa realmente? Esta es la pregunta que se hace el representante de Grecia. Si el objetivo es proteger las fronteras exteriores para poder seguir viajando sin necesidad de controles dentro de la zona Schengen, entonces, sería importante saber contra qué o de quién nos protegemos.

Defensa contra los refugiados

Tras haber sido testigos de la experiencia alemana, la mejora de la gestión de las fronteras exteriores debería ayudar a reducir, de forma “sostenida y perceptible”, el número de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes en la UE. Eso quiere decir, para empezar, que esa gente no podrá pisar territorio de la UE. Para ello, ¿tendrían los guardias fronterizos griegos que interceptar los barcos en el mar, devolverlos a Turquía o, en caso que fuera necesario, hundirlos? No, eso sería inhumano e ilegal. Las personas que están en peligro, aunque sea por su propia culpa, han de ser rescatadas.

En cambio, los refugiados seguirán llegando a Grecia a pesar del aumento de la seguridad fronteriza, tendrán que quedarse atrapados en las islas para, allí, ser atendidos y registrados. En teoría, el procedimiento de asilo debería de completarse en pocos días allí mismo para que la gente no siga utilizando la ruta de los Balcanes. Para que el plan funcione, sería necesario construir enormes centros de acogida temporal para contener allí a los refugiados. Asimismo, sería fundamental contar con un sistema europeo para poder distribuir a aquellos que sean admitidos y, al mismo tiempo, un sistema que también permita deportar a aquellos que no sean aceptados en Europa. La base de este sistema deberían ser los conocidos como hotspots (puntos calientes). El problema es que, hoy por hoy, siguen siendo solo una idea. Grecia, por su parte, se ha mostrado incapaz de cumplir con sus obligaciones. Cerrar las fronteras con Turquía se ha convertido en algo imposible para el país heleno.

Amenaza ineficaz

La amenaza realizada por la UE de expulsar a Grecia de la zona Schengen afectaría enormemente al turismo, por lo que no serviría para nada. Y es que sobre el terreno, la situación sería la misma.

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El corresponsal europeo de DW Bernd Riegert.

Lo que Grecia necesita con premura es la construcción de centros temporales para refugiados cerca de sus fronteras. Algo imposible de conseguir mediante amenazas políticas. De lo que sí hemos sido testigos durante los últimos años es que Grecia responde a incentivos económicos. Por tanto, si en vez de amenazar a Grecia con expulsarla de la zona Schengen se hubiese tratado de lograr un gran apoyo financiero por parte de los donantes internacionales, es probable que la acción hubiese tenido mayor efecto.

Lo que quedó claro en los últimos meses es que los ministros del Interior de la UE culparon al miembro más débil del grupo –Grecia- de su torpeza y falta de unidad y, decidieron golpearle con el mazo político. Desde luego, una solución barata que no ayuda. Además, la expulsión de facto de Grecia de la zona Schengen daría a los demás Estados una buena excusa para prolongar los controles fronterizos durante años. Una solución que, repito, tampoco ayudaría a solucionar la crisis de refugiados.

Signo de impotencia

Expulsar a Grecia de la zona Schengen, irónicamente, tendría pocas consecuencias. Echando un vistazo rápido al mapa de Europa es fácil descubrir que Grecia no comparte frontera con ningún otro país de la zona Schengen. Albania, Macedonia, y Turquía no son países comunitarios. De sus vecinos, Bulgaria es el único miembro de la UE pero no goza de todos los beneficios del acuerdo Schengen. Los refugiados que viajen de Grecia a Macedonia no sentirían ninguna diferencia. De hecho, los únicos que sufrirían serían los viajeros que se desplazan en avión. Los ciudadanos comunitarios que viajasen a Grecia, y los propios griegos, serían los únicos que tendrían que volver a sufrir los controles de pasaportes. Algo molesto, pero que no resultaría un drama.

La última disputa entre la UE y Grecia, que no tiene ver con el euro, sino con la zona Schengen, pone de manifiesto la impotencia de los ministros del Interior de la UE. Por cierto, si se cumple la amenaza contra Grecia quizá también debería aplicarse contra Italia. Y es que Italia tampoco es capaz de proteger completamente sus fronteras marítimas y sigue permitiendo que los migrantes viajen hacia el norte de Europa.



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