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Alemania

Opinión: Alemania, volver al futuro

El socialdemócrata Schulz y la democristiana Merkel están empeñados en que sus partidos retornen a las posturas que tenían hace años. La esperanza de ambos es recuperar los votos perdidos, comenta Fabian von der Mark.

Por estos días, la escena política alemana trae a la memoria las secuelas de la película Volver al futuro: buscando asegurarse un porvenir más auspicioso, los grandes partidos hacen todo lo que está en sus manos para que el país se parezca lo más posible a la Alemania del año 2000. El encanto de ese pasado ni tan lejano es que los socialdemócratas no tenían rivales a la izquierda ni los conservadores a la derecha.

Hoy, la competencia vuelve a ser un poco menos dramática que hace unas semanas: el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) ha perdido muchos puntos en los sondeos de popularidad; hoy tiene un respaldo del 8 por ciento, muy similar al que tiene el partido La Izquierda. La tendencia en ambos extremos del espectro político es a la baja. También Los Verdes viven horas bajas en las encuestas.

Sin embargo, estos cambios no han favorecido a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la formación de la canciller Angela Merkel. El gran ganador ha sido el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), gracias a su candidato, Martin Schulz, y la fantasía compartida por sus simpatizantes de que es posible retornar a una era dorada… Pero, ¿puede la política germana volver a ser lo que fue hace más de tres lustros? Eso está por verse.

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Fabian von der Mark, comentarista de DW.

Promesas y ajustes

Schulz dice tener la intención de derogar algunas de las reformas impulsadas en el marco de la controvertida "Agenda 2010”, aludiendo a los marcados recortes en las prestaciones sociales que el último canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, puso en marcha. Durante la gestión de Schröder, los altos índices de desempleo y el espíritu de los tiempos ejercieron una enorme presión para que el SPD diera un golpe de timón.

Desde entonces, la "Agenda 2010” es celebrada por conservadores y liberales como una medida ejemplar, como la encarnación de una reforma exitosa; no sólo en Alemania, sino a escala global. Sin embargo, los socialdemócratas no han dejado de sufrir las consecuencias del viraje comandado por Schröder. De hecho, en reacción a la "Agenda 2010”, varios grupos de izquierda se fusionaron para fundar Die Linke y competir con el SPD.

También la CDU conoce el dolor de perder electores por atreverse a alterar su perfil: Merkel quería modernizar su partido y conseguir que fuera más atractivo para los habitantes de las grandes urbes; pero, para muchos, ese cambio de curso fue muy radical. Tras la aprobación del rescate financiero para Grecia –después de la acogida de unos 900.000 refugiados en Alemania–, la CDU alienó a muchos de sus seguidores.

Algunos de quienes votaron tradicionalmente por la CDU terminaron voceando su apoyo a la naciente AfD. Tanto a la izquierda como a la derecha, los populistas fueron y siguen siendo liderados por exmiembros de los grandes partidos, por personas como Oskar Lafontaine –que abandonó el SPD para unirse a Die Linke– y como Alexander Gauland, que perteneció a la plantilla de la CDU durante cuarenta años, entre 1973 y 2013.

Alejándose del centro

Esta semana, Martin Schulz prometió que, de ser elegido canciller, extendería el pago de paro forzoso y Angela Merkel permitió que su ministro del Interior le diera luz verde a una medida para facilitar la expulsión de solicitantes de asilo que no cumplieran con los requisitos para recibirlo. En otras palabras, el SPD apuesta a la justicia social y la CDU, a la seguridad nacional.

Adiós a la fidelidad de los socialdemócratas a la "Agenda 2010”; olvidada quedó la bienvenida que la canciller conservadora les dio a los refugiados en 2015. Si con eso consiguen que La Izquierda y la AfD luzcan superfluas a los ojos de los electores, tanto el SPD como la CDU podrían obtener un 8 por ciento más en las urnas. Todo volvería a ser como antes… al menos ese es el cálculo que hacen los estrategas en un partido y en otro.

No obstante, cabe preguntarse quién tendrá más éxito al arrimarse a uno y otro extremo. En este instante, el SPD parece robarle votantes tanto a Die Linke como a la AfD y, en consecuencia, parece tener más razones para festejar. Muchos izquierdistas están entusiasmados con las críticas de Schulz a la "Agenda 2010” y algunos de los que se acercaron a la AfD ven con buenos ojos que Merkel tenga a un competidor con perspectivas de triunfo.

Se suele dar por sentado que los comicios federales se ganan con los votos del centro. Pero con la confusión que reina en los márgenes del abanico político germano, tanto el SPD como la CDU parecen estar en capacidad de pescar electores sin muchos problemas. Quizás eso termine siendo beneficioso también para el sistema de partidos de Alemania.

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