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Europa

Opinión: Alemania lucha contra lo obvio

Si bien, en principio, todos saben qué es lo que se debe hacer en la crisis griega, la testarudez alemana impide que el país heleno reciba la ayuda que tanto necesita, opina el economista Simon Wren-Lewis.

En los últimos cuatro años, la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea) estuvo a cargo del presupuesto griego. El resultado fue una política de ahorro draconiana. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, por sus siglas en inglés) estima que el superávit presupuestario primario de Grecia −un tradicional instrumento de medición para la calificación de la política presupuestaria− ha aumentado considerablemente, rebasando casi el doble del superávit de todos los demás países de la OECD. La idea de que Grecia no ha ahorrado lo suficiente es simplemente ridícula.

Un fenómeno alemán

No obstante, el colapso de la economía griega ha destruido el efecto positivo de las medidas de ahorro griegas. El Producto Interno Bruto heleno ha disminuido en alrededor de un 25 por ciento.

El economista Simon Wren-Lewis, de la Universidad de Oxford.

El economista Simon Wren-Lewis, de la Universidad de Oxford.

Al evaluar la situación, uno se topa con un fenómeno que pareciera ser exclusivamente alemán: si uno le pregunta a un economista fuera de Alemania por qué la economía griega ha colapsado, probablemente dirá que es a causa de la política de ahorro. Este punto de vista corresponde al modelo macroeconómico keynesiano. Los bancos centrales lo usan para determinar las tasas de interés. También el Banco Central Europeo. Según este concepto, las medidas de ahorro tienen un efecto contractivo en la economía de un país sin política monetaria propia. Medidas de ahorro radicales tienen una alta probabilidad de ser incluso ruinosas para el país.

Sin embargo, Alemania es una de las pocas potencias en las que el punto de vista keynesiano prácticamente no está representado en el discurso político-económico.

Una mala medicina

Es como si Grecia fuera un paciente y la troika su médico. Durante cuatro años el paciente ingirió la medicina prescrita: una mezcla de medidas de ahorro y reformas estructurales. No obstante, el estado de salud del paciente ha seguido deteriorándose. Pero en lugar de aceptar que la medicina no ha surtido efecto, el médico afirma que el paciente no ha tomado su medicina. Nosotros, en cambio, sabemos que Grecia ha ingerido toda la medicina y que incluso ha llevado a cabo varias reformas estructurales.

En lugar de admitirlo, Alemania prefiere echarle la culpa a los griegos “flojos y corruptos”. Y cuando Grecia empezó a cuestionar la medicina (con la elección de Syriza), los políticos alemanes solo parecían querer deshacerse del paciente (a través del llamado "grexit").

Los intereses alemanes

Alemania rechaza cualquier quita o reestructuración de la deuda, pese a que sus socios del FMI saben que este paso es inevitable. La testarudez germana se podría explicar con los intereses que el país persigue como acreedor. No obstante, Alemania debería saber que recibiría mucho menos dinero en caso de que Grecia se vea obligada a abandonar la eurozona.

De vez en cuando alguien me dice que Alemania debe mantener una línea dura contra Grecia para evitar que otros países pidan una quita de la deuda. Sin embargo, esto tampoco sucedió en 2012 cuando se cambiaron las condiciones para la deuda helena.

Simon Wren-Lewis es profesor de política económica en la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford.