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El Mundo

Opinión: Al fin y al cabo, una forma de ganar tiempo

El acuerdo nuclear con Irán tiene muchas debilidades. A pesar de que Obama afirma la contrario, se basa más en la confianza que en el control mutuo. Sin embargo, es mejor que nada, dice Gero Schliess.

¿Es el caso de Irán similar al de Cuba? Comparar ambos acuerdos es una exageración. Aunque el deshielo de las relaciones entre EE. UU. y el país caribeño que ha dirigido Barack Obama pasará a los libros de historia, el peligro cubano no es comparable al que supone Irán para EE. UU., la región y el mundo entero.

¿Está más cerca de la apertura china? En aquellos tiempos, el por entonces presidente estadounidense Richard Nixon aterrizó en el país asiático en plena Guerra Fría con el objetivo de entablar conversaciones acerca del poder nuclear mundial, y con la intención de construir puentes estratégicos con la potencia emergente. Y lo logró. En esta ocasión, el acuerdo alcanzado con Irán es el mayor logro en materia de política exterior logrado por Obama desde que preside la Casa Blanca. Si también supondrá un punto de inflexión política en EE. UU., es algo que aún no se puede predecir.

¿Comenzará el deshielo?

Los efectos del acuerdo recién alcanzado serán visibles dentro de unos años. Una vez Obama se haya mudado fuera de la Casa Blanca, comprobaremos si Irán utiliza el margen de maniobra política y económica para ejercer un papel constructivo en la región o si, por el contrario, trata de desestabilizar, aún más, a sus vecinos en Oriente Próximo. Hay dos opciones: Que Irán utilice el acuerdo suscrito para continuar firmemente con sus planes de convertirse en una potencia nuclear o, por el contrario, aproveche el levantamiento de las sanciones para sacar ventaja en un pacífico juego de poderes.

Schliess Gero Kommentarbild App

El corresponsal de DW en Washington, Gero Schließ.

Pero incluso a pesar de que el presidente iraní haya satisfecho las exigencias más duras de Obama y comience ahora una leve fase de deshielo, es posible que pase mucho tiempo hasta que las embajadas en Washington y Teherán abran de nuevo.

Si el término “histórico” con el que muchos han calificado el acuerdo está justificado, es algo que también comprobaremos en las próximas semanas y meses. Es decir, habrá que ver si el régimen de los mulás pone en práctica los compromisos asumidos. Solo entonces se levantarán las sanciones económicas.

Se mantiene la incertidumbre

Las críticas al acuerdo no se han hecho esperar en Estados Unidos e Israel. Y es que algo de razón tienen los más escépticos. Las puntos débiles del pacto son algo más que meras “manchas”. Por primera vez se reconocen las ambiciones nucleares de Irán.

Leyendo la letra pequeña, es de entender el escepticismo que suscita el acuerdo. A diferencia de lo que opina Obama, los inspectores no realizarán un seguimiento exhaustivo al plan iraní. A pesar de que Washington pretendía inicialmente controlar el desmantelamiento de la infraestructura nuclear persa, a través de un procedimiento de arbitraje acordado contractualmente, Irán podría retrasar las inspecciones e incluso preverlas.

USA Iran Atomgespräche in Wien

Después de trece años, por fin se logra alcanzar un acuerdo. Viena, julio de 2015.

Este giro estratégico arroja incertidumbre acerca del uso pacífico que Irán pretende dar a su energía nuclear. Además, es imposible predecir si dentro de cinco años, una vez acabe el embargo de armas, Irán no aprovechará para mejorar sus arsenales y los de los países de la región. Y eso que el presidente Obama asegura que el acuerdo no se basa en la confianza, sino en el control: Si uno se fija bien, es un acto de fe para Irán.

Una forma de ahorrar tiempo

Después de 13 años de amarga disputa nuclear, muchos intentos fallidos y 20 días de intensas negociaciones en Viena, lo que está claro es que obtener más concesiones ha sido imposible. Incluso una superpotencia como EE. UU. es consciente de la realidad política. A pesar de que no es el mejor acuerdo, es mejor que nada. Durante los próximos diez o quince años, Irán tiene prohibido desarrollar armas nucleares, lo que supone un ahorro de tiempo de valor incalculable.

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