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El Mundo

Opinión: "A favor del Islam y la democracia"

Definir las carencias de las sociedades musulmanas y desarrollar un Islam del siglo XXI: esto es lo que exigen intelectuales musulmanes. Europa debería apoyarlos, opina Loay Mudhoon.

En un manifiesto claramente formulado, cuatro reputados intelectuales musulmanes llaman a todas las autoridades políticas y religiosas en los países musulmanes y europeos a abogar por un Islam democrático. Para ello, proponen pasos concretos: una conferencia en Francia a principios de 2016, en la que personalidades musulmanas “esbozarán un Islam avanzado, anclado en el siglo XXI”.

Los cuatro hombres detrás de este manifiesto son Tariq Ramadan, profesor de ciencias contemporáneas del Islam en la Universidad de Oxford, el líder opositor malasio Amwar Ibrahim, quien preside el Foro Mundial para Demócratas Musulmanes (World Forum for Muslim Democrats), Ghaleb Bencheikh, presidente de la Conferencia Mundial de las Religiones para la Paz (Worlds Conference of Religions for Peace), así como Felix Marquardt, fundador de la Fundación Abd Al-Rajman Al-Qavaqibi.

Loay Mudhoon de DW.

Loay Mudhoon de DW.

Los intelectuales también critican a sus correligionarios y hacen preguntas incómodas. Asimismo, demandan que se reconozca la actual miseria del Islam como religión, a fin de desarrollar una crítica fundamental de la cultura y religión musulmanas.

Los autores del manifiesto se preguntan, por ejemplo, por qué no han sido respondidos los llamados a renovar el patrimonio cultural musulmán, por qué los movimientos de reforma que surgieron en el siglo XIX en el mundo musulmán no se encauzaron constructivamente hacia la modernidad y por qué los pensadores innovadores muchas veces se encuentran al margen de la sociedad.

De cara a la actual ola de violencia en nombre del Islam, es sumamente importante que los musulmanes moderados vuelvan a ser quienes interpreten su religión. Para alcanzar esta meta es necesario preguntarse quién puede y quién debe definir de forma vinculante qué es el Islam. Después de todo, esta religión no cuenta con estructuras jerárquicas ni con una instancia superior como la Iglesia católica.

La falta de una instancia de este tipo es muy problemática, porque permite que teólogos laicos y predicadores del odio justifiquen en nombre de su Dios actos terroristas y barbáricos. A esto se suma el hecho de que en muchos países musulmanes se malinterpretan como dogmas religiosos fenómenos culturales, como el wahabismo en Arabia Saudita, que no tienen mucho que ver con la religión musulmana.

Cuatro años después de la primavera árabe, se han perdido casi todas las esperanzas de una ola de democratización en el mundo musulmán. Asimismo, el diálogo intermusulmán es casi inexistente. El “mundo musulmán” está fragmentado, y la mayoría de los países musulmanes están ocupados con problemas internos de legitimación, así como con guerras subsidiarias.

Todas las autoridades musulmanas deberían acudir a la conferencia que proponen los autores del manifiesto. Esa podría ser una oportunidad histórica para desarrollar una fórmula novedosa e innovadora para el Islam. Europa debería apoyar este llamado, también por interés propio, no solo como contraproyecto del yihadismo, sino porque Europa se declara una comunidad de valores democráticos.