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El Mundo

ONU: falta dinero para los desplazados en Irak

Más de tres millones de iraquíes son refugiados en su propio país. La ONU da la voz de alarma: su situación es cada vez más desesperada y no hay dinero para aliviarla. Muchos prueban suerte huyendo hacia Europa.

Algo más de un año después del avance de Estado Islámico en Irak, Dominik Bartsch, coordinador de la ONU para ayuda humanitaria en ese país, pinta un panorama sombrío sobre la región. Según Bartsch, el Gobierno de Bagdad está en la ruina y la comunidad internacional da poco dinero para las emergencias de la ONU. “Ahora ya no estamos en condiciones siquiera de poder cubrir las necesidades básicas”, dijo Bartsch durante una rueda de prensa celebrada en Berlín, refiriéndose a la situación de los 3,2 millones de desplazados que han buscado refugio de Estado Islámico dentro de las fronteras del propio Irak.

Para cubrir las necesidades más acuciantes de estas personas, como alimentos y agua potable, la ONU necesita 500 millones de dólares en este segundo semestre del año. Según Bartsch, hace tiempo que fueron retirados los programas de salud y educación y, aun así, el dinero no alcanza. Hasta el momento, solo se ha hecho efectivo el 40 por ciento de la suma necesaria. “Necesitamos urgentemente los 300 millones de dólares que todavía faltan”, apela Bartsch.

Y continúa: “La imagen que tiene Irak de país rico y petrolero, capaz de enfrentarse por sí solo con el reto de los desplazados, es falsa. El bajo precio del crudo y los altos costes de la contraofensiva contra Estado Islámico han llevado al Gobierno a la bancarrota. Como consecuencia, cada vez más iraquíes se dirigen hacia Europa”.

Una mujer que se vio obligada a huir de Estado Islámico, sentada frente a una tienda de campaña en un campo de desplazados en Erbil, Irak.

Una mujer que se vio obligada a huir de Estado Islámico, sentada frente a una tienda de campaña en un campo de desplazados en Erbil, Irak.

Sin avances en la lucha contra Estado Islámico

Bartsch explica que al principio estas personas tenían ahorros y la esperanza de que Estado Islámico se batiera en retirada y así poder regresar a sus hogares. Pero el tiempo ha pasado y tanto el dinero como la esperanza se han esfumado. “Se ha llegado a un punto de no retorno”, dice Bartsch. “Quien no tiene para comer, ni trabajo ni escuela para sus hijos, no encuentra perspectivas y abandona el país. Si las circunstancias en Irak no cambian, debemos suponer que esta tendencia continuará”, advierte.

En la Asamblea General de la ONU que se celebrará la próxima semana en Nueva York, el organismo quiere hacer un llamado para conseguir fondos para su programa de emergencia en Irak. Se prevé que el año próximo sean necesarios unos mil millones de dólares solo para las necesidades más urgentes. Bartsch no quiere señalar con el dedo a ningún país, porque se trata de una cuestión en la que “toda la comunidad internacional debe mostrar solidaridad”. Abastecer a los desplazados internos con agua y comida sería tan solo “el primer paso”. Después, es necesario crear “perspectivas de futuro para que la gente se quede allí o pueda regresar a su país si ya lo ha abandonado.”